
SalÃamos de Pobra do Caramiñal, en la provincia de A Coruña, por la carretera que nos llevarÃa hasta Corrubedo, cuando cuatro kilómetros después nos encontramos con uno de esos lugares que en cualquier otro lugar menos en Galicia resultarÃan inusuales. Se trata del Mirador de A Curota, uno de esos balcones de más de 500 metros de altura desde el que se puede divisar una panorámica impresionante.
Desde su barandilla de piedra podemos asomarnos al cañón del rÃo Barbanza y su confluencia con el rÃo Pedras. Además tendréis a vuestros pies la rÃa de Arousa, la comarca de Barbanza, los montes Iriote, Barbanza, As Forcadas y A Muralla, las islas Sálvora y la Toja y todo aquello que se emplaza desde Fisterra hasta el Monte de Santa Tecla, en A Guardia.
En realidad resulta uno de los miradores más impresionantes de Galicia, desde el que seguramente haréis muchÃsimas fotografÃas. Descubriréis casi todas las RÃas Baixas, viéndose parte de las rÃas de Arousa, Vigo, Pontevedra, Muros y Noia, aunque curiosamente no es el mirador más alto de la Sierra del Barbanza.
El Mirador de A Curota forma parte de la Cima del Curotiña, declarada Sitio de Interés Nacional en 1993. Desde el mirador también podéis ver el pueblo de Pobra do Caramiñal, un lugar donde se puede visitar especialmente la Iglesia de Santa MarÃa do Caramiñal, que data de los siglos XVI y XVII o la Torre de Bermúdez, un palacete que perteneció a los abuelos maternos de Valle Inclán.
Precisamente antes de llegar al Mirador de A Curota pasaréis por un monolito dedicado al escritor gallego, zona conocida como el Mirador de Valle Inclán. Subiendo hasta el mirador seguramente veréis pastando numerosos caballos y vacas, además de pasar por calzadas antiguas empedradas, viejos castros… y desgraciadamente el recuerdo de los incendios que asolaron hace años las entrañas de Galicia.
Antes de llegar al mirador hay una zona verde en la que se puede acampar, aunque en esta zona suele soplar bastante el viento. Cuando lleguéis al mirador, hay que dejar el coche en el aparcamiento y luego subir unas escaleras de piedra y tierra hasta llegar a la parte más alta. Es una ladera bastante empinada, pero vale muchÃsimo la pena llegar para ver las vistas tan increÃbles.
Foto VÃa La Voz de Galicia
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