
El panteón gallego más famoso está situado en la iglesia de San Domingos de Bonaval, en Santiago de Compostela. Nos referimos al Panteón de Gallegos Ilustres, que desde hace mes y medio ha sido protagonista de una tonta polémica en la que los perjudicados son todos los habitantes de Galicia.
Enseguida vamos con la polémica pero, antes, tenemos que explicar cuándo y por qué nació el panteón y, sobre todo, quienes son los gallegos ilustres cuyos restos reposan en la iglesia compostelana.´
El convento de Santo Domingo de Bonaval (o, en gallego, San Domingos de Bonaval) se encuentra en el cruce de las compostelanas rúas de san Pedro y das Rodas. Con la desamortización el convento pasó a manos municipales, convirtiéndose en hospicio. Con la restauración democrática, el convento se convirtió en sede del Museo do Pobo Galego.
Pero es la iglesia lo que nos interesa, o más exactamente una amplia capilla adjunta a la iglesia de San Domingos de Bonaval. La iniciativa de crear un panteón de egregias figuras galaicas nació en el seno de la emigración gallega en Cuba.
No podía ser menos, si recordamos la enorme importancia, desde la perspectiva de mecenazgo económico e intelectual, que los emigrantes significaron para el devenir social de la Galicia de hace un siglo (a veces compensando la insignificancia del poder político). Sin ir más lejos, el himno no se entendería sin las energías del círculo gallego en La Habana.
Finalmente se consiguió que los restos de Rosalía de Castro fuesen trasladados a Bonaval en 1891, unos seis años después de la muerte de la mayestática poeta gallega. Fue la primera, pero no la única. Le seguirían (es un decir) Alfredo Brañas, el gran ideólogo del regionalismo gallego (muerto en 1900), Domingo Fontán (1788-1866), autor de la Carta Geométrica de Galicia (la obra de su vida), Ramón Cabanillas (1876-1959), el poeta da raza, y Francisco Asorey, escultor nacido en Cambados y finado en Compostela en 1961.
A estos cinco magníficos se les uniría en 1984 lo que quedaba de Castelao, muerto en Buenos Aires un mal día de 1950. El 28 de junio de 1984 sus restos se trasladaron a Bonaval: hace unas semanas se cumplieron 26 años de ese día, en el que una multitud acompañó a las cenizas de Castelao para honrar al gran personaje y vilipendiar de paso a quienes no deseaban sino su apropiación política.
El resultado fue, claro, una fenomenal carga policial pero, y os dejo este link de youtube para comprobarlo, sorprende el hecho de que la televisión estuviese menos agobiada por censuras que en nuestros días. La emisión no se corta ni la locutora se calla.
¿Y qué problema hay con el panteón últimamente? Pues que la Iglesia venía litigando desde tiempos inmemoriales con el ayuntamiento por la propiedad de Bonaval. En fechas recientes, la justicia parece haberle dado la razón (no conocemos los detalles pero que la justicia esté del lado de la curia no es noticia).
Así las cosas, la nueva-vieja propietaria decidió hace ya semanas cerrar a cal y canto la puerta de la capilla donde reposan los ilustres. Son ganas de armar bulla…o simplemente pasar el cepillo. El conselleiro de cultura viene de anunciar que el panteón abrirá en breve, si es que ya no ha abierto mientras escribimos estas líneas. Lo que no sabemos todavía es la cantidad que habrá exigido esta desinteresada, y solidaria, y virtuosa institución que es la Iglesia, nuestra amada Iglesia.
Foto vía: anonymous