Muxia

Muchos piensan que el Camino de Santiago acaba a los pies del Apóstol en la catedral compostelana. Pero no, tras la visita de la fe y las promesas hay que seguir camino. Hay que poner rumbo hasta el final de las tierras, a modo de agradecimiento por el esfuerzo y la recompensa. Es otro camino más, es el Camino de Fisterra y Muxía.

Llegar a Fisterra es admirar el extremo occidental del mundo, el final de las tierras, el punto en el que los antiguos pronosticaban que acababa todo. Pero son muchos también los que ponen rumbo para visitar el santuario mariano de la Virxe da Barca, donde cuenta la leyenda que fue el lugar donde recaló la barca de la Virgen María para animar a Santiago a continuar su predicación en España.

Curiosamente lo que para muchos es el punto final de su camino, Santiago de Compostela, para otros es el inicio del Camino de Fisterra y Muxía. La ruta comienza en la mismísima Plaza del Obradoiro compostelana, continuando por la hermosa y cautivadora Rúa As Hortas, hasta llegar a la Carballeira de San Lourenzo y así abandonar la ciudad compostelana.

El camino asciende hasta Negreira, donde contemplaremos el Pazo de O Cotón y la Iglesia de Negreiroa. Una pequeña bajada nos lleva hasta Olveiroa, y desde allí la montaña delimitará nuestro camino. Si elegimos a la derecha nos espera Muxía, si a la izquierda, Fisterra.

Si tomamos rumbo a Fisterra la primera población que nos encontraremos será Cee, pegada a Corcubión, con sus casas y ventanas de galerías y el Atlántico como maravilloso telón de fondo. Hasta Fisterra nos acompañará un fascinante paisaje de playas, y tras admirar el templo de Santa María das Areas, subiremos al monte de San Guillermo para contemplar el mundo a nuestros pies.

No podemos quedarnos aquí ya que nos toca ahora una de las mejores rutas de senderismo que podáis hacer nunca. Desde Fisterra a Muxía queda un camino bordeando los acantilados y una serie de playas vírgenes donde el silencio se rompe con el batir de las olas sobre las rocas.

Este Camino de Fisterra y Muxía es una especie de regalo para nuestros ojos. Se puede hacer en menos de una semana, con la panorámica del mar en los últimos tramos de nuestro camino. Eso sí es un camino más solitario que los otros, ya que los pueblos son pocos y pequeños y no son muchos los peregrinos que se acercan por aquí.

Foto Vía Fernando Bilbao

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