
Entre los ríos Sar y Ulla, con el eco siempre presente de la voz romántica de Rosalía de Castro, duerme Padrón, pueblo de peregrinos, caminantes y sus célebres pimientos de Padrón. Dicen que “quen vai a Santiago e non vai ó Padrón, ou fai romería, ou non”, aunque más conocido es el dicho de “os pementos de Padrón, uns pican, outros non”.
Dejando de lado dichos populares y demás, Padrón bien merece una visita por nuestra parte, aunque para muchos el casco histórico de esta ciudad no se encuentre en el mejor estado que quisiéramos. De todas maneras hay que detenerse frente al Ayuntamiento, del siglo XVIII, o ante el Palacio del Obispo de Quito, construido por Don Alonso de la Peña y Rivas, nacido en Padrón y capitán general de la capital ecuatoriana.
Entre monumentos al Camino Portugués y a la pementeira, la vendedora de pimientos, llegamos al Paseo del Espolón, uno de los lugares más románticos de Padrón. A la sombra de los plátanos vemos la estatua de Rosalía de Castro, y al lado del puente la Iglesia de Santiago, que alberga bajo el altar mayor el popular pedrón, la piedra en la que se ató la barca que trajo los restos de Santiago hasta el puerto de Padrón.
Hay que cruzar el idílico cauce del río Sar para llegar a la Fuente del Carmen, reformada en tiempos de Carlos IV, fuente en la que se puede ver el motivo heráldico de Santiago en la barca, el bautismo de la Reina Lupa y la Virgen de los Dolores. Desde la fuente, mirando hacia arriba, veremos el Convento del Carmen.
Cerca se halla la Rúa de Santiago, que tras unas escaleras nos llevará a Santiaguiño do Monte. Algo más allá, atravesando el parque público, llegamos a la Casa da Matanza, sede del Museo de Rosalía, donde el 15 de julio de 1885 moría la poetisa. Visitarlo es encontrarnos de frente con sus recuerdos, sus objetos personales y los lugares en donde vivió.
Para terminar nuestra visita nada mejor que hacerlo en la Ex Colegiata de Santa María de Iria, con su portada gótica y sus torres escalonadas del siglo XVI. Aunque tal vez los más literarios quieran acercarse hasta el Cementerio de Adina, donde descansan los restos de Camilo José Cela.
Como veis, además de tierra de buenos pimientos, Padrón es una visita inexcusable si estáis en tierras gallegas. Nada mejor que reservar nuestros hoteles en Padrón para acercarnos a esta ciudad tan literaria.
Foto Vía Vdbann