Xallas

En la parroquia de Ézaro se resume el destino de Galicia: una naturaleza tan maravillosa e impactante de origen como finalmente socavada, apaleada, profanada. El país de los mil ríos es también el del millón largo de embalses. Y en Ézaro un falso progreso vino a castrar uno de los hitos fluviales de Europa: un río romántico y suicida que se tira al mar desde las nubes.

Ese río es el Xallas, cuya fuerza telúrica y asombrosa forma de morir causa impacto desde hace siglos. Mucha literatura autóctona y foránea se ha vertido sobre el río cuya desembocadura es una fervenza, una catarata, de notable pedigree. Eso hasta que canalizaron el cauce del Xallas y construyeron el embalse de Santa Uxía.

Ah, pero es un vicio quejarse. La empresa decidió hace unos años devolver algunas migajas estéticas (filosóficas las llamaría Kierkegaard) de los pingües caudales crematísticos que el Xallas le reporta. Y así abre las compuertas los fines de semana (al menos en verano) y épocas de especial relevancia turística. ¡Si hasta han iluminado la fervenza para que el pueblo, en el sentido de populus, pueda disfrutar del espectáculo alguna que otra noche! Panem et circenses. La verdad, hay gente que si no conforma es porque no quiere.

Ézaro pertenece al concello de Dumbría, voz que agasaja el oído, comarca de Fisterra o Finisterre, ese fin del mundo que también conmocionó a George Borrow, aquel bizarro vendedor de biblias, inglés por más señas, que se recorrió la península en los años treinta del siglo XIX. A Galicia llegó en 1837, si no recordamos más. Recomendamos su The Bible in Spain, de la que se han hecho varias versiones posteriores, por ejemplo una traducción parcial (en gallego) titulada Viaxe por Galicia.

Aunque Borrow no viniese haciendo el camino de Santiago, él mismo remató su percurso gallego, como hemos dicho, en Fisterra. No es de extrañar. De esta comarca, todavía misteriosa, ya os hemos hablado en otras ocasiones. Ya que aquí es posible casi todo, apenas sorprende que la única desembocadura en cascada de Europa hubiese de situarse en ella, en Fisterra, en Dumbría, en Ézaro.

Ay, Ézaro. Lugar tan pequeño nos ofrece una serie de fotografías impresionantes. Está el Xallas, la fervenza, la ensenada, las playas cercanas, el insólito Monte Pindo que sirve de espectacular mirador, el cabo que da nombre a la comarca… a veces todavía te reconocemos, Galicia.

Aunque solamente muy de vez en cuando. Se puede caminar durante horas por el Courel o los Ancares sin que en lontananza nos amenace la silueta encebollada (la cebolla es escarcha/ cerrada y pobre…) de algún eucalipto, se puede recorrer la costa atlántica y cantábrica descubriendo parajes de una belleza que duele.

Aunque al final siempre habrá que enfrentar los montes pelados o sin más ornamento que el duro tojo, volver a la realidad de pueblos y villas sometidos a un desarrollismo contumaz (esto es: feísmo), salir de nuestro momentáneo sueño diurno golpeados sin compasión por las infinitas “junturas” de los embalses, con los que se ha cosido el vientre fluvial de Galicia.

Pero ¿qué habría de ser si no? El Xallas, loado por poetas y viajeros y hombres buenos a lo largo de los siglos, es hoy atracción turística dominical o, a lo sumo, de veraniegos sábado por la noche. Quien peregrine, ahíto de cerril paisaje urbano y buscando la pax naturae, hasta su confín el resto del año no encontrará sino la metáfora de estos tiempos, de esta tierra, de este destino: la oración condicional. ¿Qué hubiera pasado si…? Malos tiempos para la lírica, sí, pero también para la lógica.

Foto vía: ojodigital

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