
En el siglo II llegaron los romanos hasta Mondariz, hoy conocida como ciudad balneario en la provincia de Pontevedra. En medio de aquel paraíso de aguas termales, los romanos quisieron dejar su huella en algo tan de su gusto. En realidad, más que por gusto, no les quedó otro remedio que construir un puente para cruzar el río Tea.
Aquel puente romano puede verse hoy, aunque restaurado en el siglo XVII. Sin embargo, no ha perdido el encanto de esos puentes de piedra romanos que cruzan buena parte de los caminos de una Galicia de ríos, cascadas y arroyos. Se trata del Puente de Cernadela, situado en un maravilloso paraje natural bajo el sonido del río Tea, un afluente del Miño de apenas cincuenta kilómetros de longitud.
Y es que hoy en día parece que nadie se acuerda en Mondariz de que por aquí pasó una vía romana, concretamente la XVIII del itinerario de Antonio Pío, que unía Braga y Artúrica. Casi todo el mundo llega hasta aquí atraído por los balnearios y las aguas termales.
Tanto es el estrés y las ganas de descansar, que no dan mucha cuenta de la maravilla natural que les rodea. Ay si alguna vez se hubiesen sentado a los pies del Puente Romano de Cernadela a descansar…
Este puente de cinco arcos, todos ellos de estilo ojival salvo el del centro que es de medio punto, es uno de los grandes vestigios de aquel pasado romano de Mondariz. No hay nada más espectacular que pasar por el puente contemplando abajo el río y el verde de la naturaleza que os rodea. Podéis hacerlo para cruzar del barrio de Cernadela, en Riofrío, hasta el barrio de Ceo en Mondariz.
A ambos lados del puente se pueden ver dos construcciones antiguas que servían de algo así como alojamiento o posada para los carrilanos que cruzaban con sus caballos y sus carros el puente.
La próxima vez que vayáis a Mondariz, o si nunca lo habéis hecho, acercaros a descubrir la magia de este puente romano. Un lugar evocador que os cautivará con su misterio de piedra y naturaleza.
Foto Vía Pobracara