
Un ejército de olas al mando del capitán Atlántico embiste contra los acantilados escarpados de la Isla de Faro, en el recóndito y paradisÃaco tesoro de las Islas CÃes. Si tenéis la suerte de subir el sendero en zig zag que lleva precisamente al faro de esta isla tendréis la oportunidad de contemplar unas vistas espectaculares de mar y tierra.
El ruido de las olas enmudece el constante aleteo de las aves. La gran rÃa de Vigo y su puerto nos saludan al este. Al norte y al sur, dentadas formaciones rocosas abren el abanico de nuestros sueños. Estamos en uno de los grandes paraÃsos de la tierra, casi en aquel fin del mundo de las civilizaciones antiguas. Que termine el mundo precisamente aquÃ, en el paraÃso de las Islas Atlánticas, que bien poco nos importa.
A medida que vamos descendiendo del faro vamos descubriendo las joyas ocultas de esta isla. Los turistas abren los ojos boquiabiertos sobre la forma perfecta de las arenas blancas de la Playa de Rodas. ¿Dónde nos ha dejado el barco?, se escucha decir, ¿en el Caribe?. No, amigo, estás en la mejor playa del mundo, el Caribe queda lejos, y no sólo geográficamente.
Al abrigo de un bosque de pinos hay una pequeña zona para acampar. Un grupo de senderistas tendrá la maravillosa oportunidad de pasar una noche frente a este paraÃso, es mucho más hermoso que pasar una noche bajo las estrellas. Paramos a comer en el pequeño restaurante de la isla, mientras unos amigos piden unos mapas en el cercano kiosko de madera.
La belleza natural de esta zona provocó que las Islas Atlánticas fueran declaradas parque nacional. No es para menos, incluso creo que lo de parque nacional hasta le viene pequeño. Habitadas en el pasado, hace mucho tiempo, hoy en dÃa sólo pueden llegar a la isla un mismo dÃa unas 2.200 personas. Hay que cuidar el entorno, todo sea por preservar la joya.
Es aconsejable venir bien temprano, no sólo para asegurarse el llegar sino también para tener más tiempo de disfrutar de esta maravilla de la naturaleza y de quién sabe qué artista de los cielos. En los mapas que nos trae nuestro buen amigo vemos que hay rutas para todos los gustos, desde las que nos llevarán apenas una hora, hasta una larga caminata de tres horas.
Sea cual sea vuestra elección, la Isla de Faro, o Illa do Faro, que para eso Galicia tiene su propio sonido, es un lugar inolvidable. ¿A quién le importa entonces que se terminara aquà el mundo?.
Foto VÃa Oscarkmnt
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