
Hay tantas leyendas alrededor del río Miño. Las hay incluso desde su nacimiento, ya que siempre se había creído que nacía en la Laguna de Fonmiñá, pero no. Lo hace unos diez kilómetros más arriba, en Pedregal de Irimia, en la provincia de Lugo, junto al pueblo de Meira.
Cuentan en algunas zonas de Galicia, y existe el dicho, de que quien lleva las aguas del Miño en realidad es el Sil, su afluente, y el Miño se queda con la fama. Sea cierto o no este dicho lo que está claro es que el padre Miño no podía por menos que verse envuelto en las mágicas leyendas e historias.
Una de ellas es la que nos habla de los Xacios, seres anfibios de forma humana que pueblan las aguas del Miño. Estos Xacios pueden vivir perfectamente tanto en los pozos del Miño como en tierra firme. A partir de ellos se generan muchas leyendas e historias que se suelen contar sobre todo en los pueblos que se ven bañados por las aguas de este río.
Cuentan algunas que los Xacios son seres tanto masculinos como femeninos de indidable belleza, y que arrastran a los humanos seduciéndoles hasta el río, lo que les provoca la muerte. También existen las historias menos crueles, como la de los Xacios que se convierten en humanos después de ser bautizados.
Hay leyendas que hablan de personas que han contraído matrimonios con seres Xacios, como por ejemplo la historia de un pescador vecino de Marce que se enamoró perdidamente de una mujer Xacio. Contrajeron matrimonio tras ser bautizada el Xacio, sin embargo a la hora de tener hijos estos no paraban de estar en el agua, tanto en el Miño como en cualquier arroyo cercano.
El padre, harto de todo esto, echó de casa a los hijos, y la xacia volvió al Miño. Sin embargo allí sus anteriores compañeros la asesinaron al no ser ya una xacia como ellos. El pescador arrepentido de echar a sus hijos y su mujer quiso volver al Miño en busca de ella, pero sólo pudo encontrar sus restos despedazados a orillas del Castro de Marce.
Sean ciertas o no estas leyendas de los Xacios lo que está claro es que el Miño siempre ha generado historias de este tipo. Galicia es amante de ellas y el ambiente místico que rodea el lugar invita claramente a ello.
Foto Vía Chairego