
Vigo es el primer puerto gallego por número de cruceros y, lo que acaso sea más sorprendente, ocupa una meritoria cuarta plaza dentro del ranking peninsular: prácticamente un día de cada tres hay al menos uno de esos grandes barcos atracado en el muelle vigués.
Así este sábado, por ejemplo, se vivió una jornada festiva: ya no sólo dos, sino tres buques compartieron escenario en el puerto de la ciudad. Ocurre que desde el fin de semana Vigo ha dejado de ser simplemente escala crucerista para convertirse en puerto base de embarque. Pocas ciudades españolas pueden presumir de tal condición.
Se trata de una arriesgada apuesta de la compañía Iberocruceros (aunque imaginamos que respaldada por las autoridades pertinentes…no es por ser mal pensados pero en tiempos de crisis el capital suele ser bastante menos audaz de lo que se le supone).
Este sábado, el Grand Voyager, el crucero de la compañía, partió rumbo a Tánger con 750 pasajeros a bordo, por cierto que la mayoría de ellos gallegos (no serán tan tontos como dice el diccionario, pues).
El día resultó vistoso. Como hemos dicho, además del Grand Voyager hacían escala otras dos barcazas, el Queen Victoria, casi 300 metros de eslora, y el Artemis, con más de 200. Si todo va según lo previsto, el Grand Voyager saldrá de Vigo con periocidad semanal hasta el 14 de septiembre. Sus escalas serán: Lisboa, Tánger y Portimao. El proyecto tiene en vilo a buena parte de las fuerzas vivas locales y, por qué no decirlo, de Galicia entera. Se espera que la iniciativa sirva de impulso a un séctor turístico que no vive precisamente su mejor época en Galicia.
Para quien conozca un poco la fisonomía de las ciudades gallegas portuarias quizá se haya sentido sorprendido al conocer el dato de la relativa importancia viguesa, antes como escala para las rutas de cruceros y trasatlánticos, a partir de ahora incluso como puerto base.
Al fin y al cabo, desde el punto de vista ético y estético el puerto de Vigo es la mejor metáfora de cómo no se deberían haber hecho las cosas en Galicia, aun cuando siempre se hayan hecho así. La ruina del Berbés, por ejemplo, es una de esas heridas ontológicas que los que, de algún modo u otro, tenemos alguna relación más o menos duradera con la ciudad no perdonaremos nunca.
Et bien, Vigo ocupa una posición estratégica en el las cartas de navegación. Además, la entrada en la ría, con las islas Cíes dándonos la bienvenida, es cosa sagrada que todavía el feísmo no ha podido profanar. Aunque todo es cuestión de tiempo. Sigan rellenando el puerto con implantes de cemento, señores políticos, y verán cuánta razón tenía Guillermito Nietzsche al decir aquello de: el desierto crece. Tenemos buenos amigos que piensan que a ría non se vende. Inocentes. Dónde va que la ría se vendió.
Foto vía: cesar redondo