Dolmen de Dombate

El patrimonio megalítico gallego es tan amplio como descuidado su estado de conservación. Un estudio serio de algunos restos comenzó en la década de los 20 con los Cuevillas y compañía, pero luego el franquismo lo interrumpió. En los últimos años las cosas han cambiado ligeramente, aunque la democracia no siempre parece dispuesta a disolver las perniciosas herencias inerciales del pasado (un caso sangrante: el feísmo).

En fin, pelillos a la mar. El caso es que las antas gallegas cuentan también con sus celebrities, que descollan vanidosas en medio del anonimato general. Uno de los ejemplos más famosos es el dolmen de Dombate, que debe parte de su fama a la atención literaria que en su día le dedicó Eduardo Pondal, creador de la letra del himno gallego.

Eso, y lo significativo de sus dimensiones, explicaría que el dolmen de Dombate fuese uno de los niños mimados de las construcciones megalíticas en Galicia. Pero nunca debemos olvidar las mezquindades humanas, siempre dispuestas a alegrarnos la vida. Durante dos décadas una estéril polémica entre instituciones ha mantenido en vilo la recuperación del dolmen que, en ese período, ha sufrido pérdidas quien sabe si irreparables.

En cualquier caso en 2008 se sustituyó la cubierta que lo protegía por una translúcida y moderna carpa (que ya quisieran para sí otros muchos dólmenes gallegos) y hace un par de meses comenzaron al fin los trabajos de rehabilitación, largamente anunciados, y que se presumen definitivos.

El dolmen de Dombate se encuentra en Borneiro, concello de Cabana, en la comarca de Bergantiños. Es decir, próximo al Atlántico, y a la derecha de la Costa da Morte más propiamente dicha. Si no os situáis todavía, pensad que el ayuntamiento de Cabana está a poco más de 50 kilómetros al oeste de la ciudad herculina y colinda con Laxe.

El dolmen de Dombate se escavó (y se excavó) parcialmente a finales de los 80, bajo la dirección de Bello Diéguez. Su estructura viene definida por una cámara poligonal bastante grande (4’20 x 2’90 m) con siete losas. El corredor, con una longitud de más de 4 metros, conserva su alzado, en parte, y la losa de cierre. El túmulo tiene un diámetro de 24 metros y casi 2 de altura.

Durante las excavaciones (que siguieron a las excavaciones) se descubrieron grabados y pinturas. Además, debajo apareció una construcción megalítica precedente. Por último, la antigüedad del dolmen de Dombate se remonta al cuarto milenio a.C, lo que no es poco.

Eduardo Pondal conocía bien aquellas tierras, no en vano había nacido en el también vecino ayuntamiento de Ponteceso. Es posible que en sus paseos a caballo por la zona, tras haber dejado atrás al río Anllóns (otra referencia muy querida por él), mirada soñadora y arpa en mano, alguna que otra vez se le apareciese la figura enigmática del dolmen en medio de las brumas húmedas de otoño y los rumorosos pinos, para revelarle los secretos de los antiguos hijos de Ophiusa, de los bravos hijos de Breogán.

Foto vía: lavozdegalicia

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