Berroguetto

Posiblemente es el grupo más prestigioso de Galicia en lo que se refiere a música de raíz. Su oclusivo y líquido nombre, Berrogüetto, nace de la síntesis conjuntiva de tres términos, acaso rindiendo póstumo homenaje a las manías cabalísticas de un Hegel. Berro (grito) + guetto, bajo la advocación simbólica de ese Soweto donde se escribió parte de la infamante historia del XX.

Pero no se crea, sin embargo, que los componentes de Berrogüetto se limitan a declamar sus músicas en guettos o cotos cerrados. Volviendo a Hegel, todo límite impone la posibilidad teórica de su rebasamiento en espiral. Pese a lo exquisito de sus tonos y lo aristocrático de sus acentos, esta banda musical gallega es al mismo tiempo popular, inmediata y ligera, como se demuestra en sus conciertos.

Estamos de enhorabuena: Berrogüetto saca nuevo disco, Kosmogonías. Es un acontecimiento importante para toda Galicia, momento de gozo y casi de brincadeira, como todavía se dice en algunas esquinas de este viejo país a punto de dejar de serlo.

¿Pero qué es Berrogüetto? Un grupo de amigos que hacen música. ¿Qué música hacen? El hontanar de la tradición tal vez sea unívoco, pero jamás homogéneo. La univocidad no es sinónimo de monologismo, antes al contrario, los sentidos por surgir a partir de ella son infinitos. Eso lo sabe bien el audaz experimentalismo de Berrogüetto.

No hay nada más hermoso en las artes, en la literatura, en la música, que el atrevimiento y la potencia para afrontar la experimentación. Así se deconstruye la tradición a través de un pathos creativo cuyo resultado final no es sino la emergencia (¡casi biológica!) de esa misma tradición en un nuevo plano, desde otra perspectiva, en muy diverso contexto.

Fue a mediados de los 90 cuando media docena de músicos, tan jóvenes como experimentados, fraguaron el proyecto Berrogüetto. Luego se incorporó la intérprete y cantante Guadi Galego. Pero en Kosmogonías ese rol pertenece a Xabier Díaz, incorporación reciente. Ya sin Guadi en el equipo, el resto de miembros, célebres y sobre todo celebrados, son: Anxo Pintos (gaita, zanfona, saxo, violín…), Isaac Palacín (percusión), Guillerme Fernández (guitarras), Quico Comesaña (arpa, bouzouki, mandolina), Quim Farinha (violines), y Santiago Cribeiro (acordeón, teclados).

Los hombres lúcidos son los hombres lúdicos, clave biográfica tan delicada como necesaria para defender la vida de todas sus amenazas. Esa siempre ha sido el propósito de la empresa berrogüettense, que hoy parece volver a las fuentes clásicas: Kosmogonías, se llama este último disco. En plural. Sabia decisión. Sin duda no se tratará de rebuscar conceptos en la falocrática historia indoeuropea, sino en trazar un devenir sobre una prehistoria mundial.

Porque experimentar es vivir y la vida es el más loco y bondadoso de todos los experimentos. Porque un panteísmo musical es posible y si el movimiento se demuestra andando, el henkaipan del do sostenido nos lo ofrece Berrogüetto en cada uno de sus conciertos. Porque, en definitiva, el espíritu de Heráclito revive hoy en la antigua Gallaecia: un grito de amor que no se circunscribe a un barrio, a una ciudad, a una provincia, a un estado, sino que busca el pueblo por nacer en virtud de un spinozismo alegre pero militante. Eso, y mucho más, es la música de Berrogüetto.

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