
No todo está perdido en Galicia. Si la mayorÃa de los montes presentan calvas horrendas, sÃmbolo de la lobuna mano del hombre para con la naturaleza, si los rÃos de hoy son auténticos eunucos fluviales que en pocos tramos corren libres debido a la propagación de embalses castradores, si las ciudades y villas son un canto al feÃsmo, si las rÃas están contaminadas, si los voraces eucaliptos reinan a sus anchas y extienden sus raÃces por la tierra natal de robles y castaños (cada vez más rara avis), si el idioma tiene las horas contadas… no por eso vamos a dejar la batalla en manos del pesimismo.
Hay signos esperanzadores (por mucho que la palabra ‘esperanza’ no nos guste). Uno de esos signos es el que representa el devenir último de la zanfona, instrumento prodigioso de cuyo vientre sale un sonido dulce, armónico y milenario alejado de las estridencias de la actualidad.
La historia de la zanfona tiene similitudes con aquella otra de la gaita (incluso empieza a parecerse en sus polémicas). No sólo en Galicia, sino en toda Europa. Se trata de instrumentos de gran predicamento en el folclore popular de multitud de pueblos. En algunas naciones el prestigio de los primeros tiempos nunca decayó, en otras, por el contrario, hubo un evidente riesgo de desaparición.
Antes de continuar, aclaremos (para el que ande un tanto perdido) que la zanfona es un instrumento de cuerda que consta de una ‘manivela’ y de un teclado. Es la definición más simple que se nos ocurre, y en este contexto la creemos suficiente.
Sus orÃgenes se remontan a la Edad Media. En el siglo X aparece ya el que se considera el iniciador del linaje de la zanfona moderna: el organistrum. El organistrum era más grande que la actual zanfona y de hecho se requerÃan dos personas para su funcionamiento: una accionaba el manubrio (la manivela) y la otra se encargaba del teclado. Dos músicos tocando el organistrum se encuentran, cómo no, en el Pórtico de la Gloria de la catedral compostelana.
Evidentemente este precursor de la zanfona era instrumento litúrgico o al menos eclesiástico, circunscrito al ámbito fÃsico de los templos religiosos (otro asunto, interesante aunque no para tratar aquÃ, es la imagen que tengamos en la cabeza acerca de cómo era una iglesia y sobre todo una catedral en la Edad Media: nos llevarÃamos una sorpresa).
La zanfona propiamente dicha surge un par de siglos más tarde, cuando al ser recogida por trovadores y juglares adquiere una dimensión más acorde con esa vida relativamente nómada y se aviene a las eventualidades de poder ser transportada por un solo hombre. La popularización de la zanfona conoció asà un éxito asombroso hasta el siglo XV.
Entonces comienzan también los séculos escuros de la zanfona, bien que haya un importante revival que afecta a algunas zonas de Europa, en el XVIII, gracias a la expansión de las costumbres palaciegas de la corte francesa.
Pero en nuestro caso, en Galicia, la decadencia del instrumento es inevitable. El proceso de degradación se acelera incluso en el XIX. Los únicos que atreven a tocar la zanfona en las diferentes regiones peninsulares en las que sobrevive el instrumento son los ciegos (gracias a sus célebres coplas musicadas).
AsÃ, el siglo XX no consideró la zanfona sino como un residuo bastardo de un régimen feudal y periclitado. Pero como pasa a veces, en medio de la adversidad destaca la figura de un pionero capaz de ver más allá de sus miopes contemporáneos: Faustino Santalices (1877-1960) es el gran héroe gallego de la zanfona, su salvador.
Aunque la inconmensurable labor de Santalices no dejarÃa de ser sino la estela ensimismada del fulgurante meteoro con la nada cósmica al fondo si su legado no fuese recogido por las nuevas generaciones. Antón Corral, discÃpulo de Santalices, mantuvo vivo dicho legado no sin dificultades.
Al fin, a principios de los 90 comenzó una eclosión sin precedentes de artesanos e intérpretes. De manera que hoy podemos asegurar que en Galicia el futuro de la zanfona, uno de los instrumentos musicales a nuestro entender más hermosos que existen, está garantizado. Aquà os dejo a Son de Seu en Vigo interpretando una inigualable pieza del repertorio gallego. ¿Cuáles son las zanfonas?
Foto vÃa: webs.ono
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