Antiguo gran hotel Mondariz

En las primeras décadas del siglo XX Galicia era un enclave tan prodigioso como problemático. Sus mayores núcleos de población no superaban los 30 mil habitantes. Sin embargo, qué paradoja, el censo era muy similar al actual, pese a la sangría traumática de la emigración.

Galicia siempre fue un territorio minifundista y rural. Hace cien años, los ilustrados gallegos veían en tal idiosincrasia su fuerza y su enfermedad, su mayor virtud y su gran vicio. Ellos soñaban con la cristalización de una potente urbe que actuase de modo centrípeto y se elevase como faro y guía de toda Galicia, pero sin renegar de ese fondo originario de naturaleza y tradición en el que la vida gallega había latido desde siempre.

La historia del desastre urbano que aconteció a partir de los años 40 es una narración, muy interesante por cierto, que a pinceladas hemos dejado caer en otros artículos. Ahora no vamos por ahí. Mostramos el contexto social de la época para destacar lo asombroso de un acontecimiento que aúna lo higiénico con lo cultural, lo económico con lo administrativo.

El balneario de Mondariz se encuentra en el entorno del valle del Tea, uno de esos numerosos ríos galaicos de segunda (comparados con el gran eje fluvial del sistema Miño-Sil) que en realidad son de primera. El balneario empezó a nacer cuando Domingo Blanco Lage descubrió unos manantiales en 1862. Otro importante manantial, el de la Gándara, fue descubierto poco después por el hombre clave de la historia: Enrique Peinador Vela.

Más tarde Enrique Peinador, junto con su hermano, se hizo con la llamada fuente de Troncoso, de la que nacería la explotación de Aguas de Mondariz. Antes, en 1879, inauguró la primera casa de baños y finalmente, allá por 1898, se abrieron las puertas del Gran Hotel de Mondariz.

El Gran Hotel, el Balneario Histórico (por llamarlo así: tras el golpe fascista y las décadas negras, un incendio lo destruyó en los años 70. Ha sido rehabilitado para uso residencial) fue obra de Jenaro de la Fuente, cuya firma se halla detrás de buena parte de la arquitectura de piedra viguesa (existente y existida). Otro ilustre arquitecto de gran presencia en Vigo, Antonio Palacios, también dejó su impronta en el templete clásico que cubre el manantial de la Gándara.

Sucedió que a esta primera generación de ‘Peinadores’, emprendedora, “americana”, siguió otra no menos audaz, que ahondó además en los cimientos de una pasión cultural y mecénica arraigada en un galleguismo (ay, esta palabra usurpada por lo que no son bos e xenerosos) cosmopolita y de gran alcance.

Por lo que el Balneario Histórico devino foco de relevancia no sólo gallega en lo que se refiere a las artes y a las letras. Sobre todo Enrique Peinador Lines, uno de los hijos del fundador, miembro del Partido Galeguista, protector del inigualable Seminario de Estudos Galegos (un hito dentro de la historia cultural peninsular que no debiera ser olvidado), sufragó expediciones arqueológicas, subvencionó revistas literarias de enorme calidad y delicado gusto, promovió un museo…Entre otros grandes eventos, el Balneario sirvió de escenario para que todo un Ramón Cabanillas, o poeta da raza, ingresara en la Real Academia Gallega. Corría el año 1920.

Peinador Lines fue además artífice de la creación, al amparo del selecto bullicio del Balneario, del nuevo ayuntamiento de Mondariz-Balneario, segregado en 1924 del ya existente concello de Mondariz. Y un dato curioso para finalizar. El de Mondariz-Balneario es el concello más pequeño de Galicia, si es que no de toda Europa: apenas dos kilómetros cuadrados de extensión. Pero qué extensión.

Foto vía: flickr

Pulsa aquí para imprimir este artículo

  • No hay comentarios todavía ...