
Los restaurantes del sur de la comarca del Condado echan humo. Sucede que nos encontramos en pleno período de capturas del ¿pez? que señorea las cazuelas, como divino manjar, en buena parte de Galicia: la lamprea, “ciclóstomo” raro, feo y cartilaginoso que remonta el bajo Miño en busca de los lugares apropiados para el desove, linda palabra que apenas vemos en periódicos.
Antes de nada no estará de más una declaración de principios: este humilde articulista nunca ha probado la lamprea ni, por cierto, piensa hacerlo a no ser que Dios o el Diablo le hagan alguna canallada sobrenatural nublándole los sentidos o confundiendo su buen juicio. Pero es que, amigos¡hay que el ver el aspecto de sanguijuela rencorosa que tiene el deseado animalillo!
Luego toda la gente habla maravillas. Que si un sabor celestial, que si resulta imposible no salivar ante su guisada presencia, que si las eróticas del buen comer, que si esto o aquello. Lo cierto es que la lamprea, bicho bastante primitivo, se parece más a una serpiente que a un pez y toda su cabeza es una una ventosa llena de dientes. No en vano, las lampreas son parásitos que chupan la sangre de los seres honestos del río.
En fin, cada loco con su tema. Hablábamos del Condado, comarca situada en el sur interior de la provincia de Pontevedra. En concreto, es el ayuntamiento de Arbo, que se extiende por la orilla norte del Miño (enfrente, Portugal) el verdadero paraíso para los fetichistas de la lamprea.
Arbo es un concello eminentemente agrícola, y además de la riqueza piscícola del Miño (que surte no sólo lamprea, sino también otras especies, incluido el salmón), gran importancia tiene para la economía local la explotación vinícola. Esto último ya nos parece más sensato.
Las capturas de lamprea son permitidas, con ligeras variaciones según el año, apenas unos tres meses, entre finales de enero y finales de abril. En este tramo bajo del Miño, existen unas construcciones históricas (se conoce su existencia en la Edad Media) para la pesca. Se trata de sillares de granito que penetran el cauce fluvial desde las dos orillas y se conocen como pesqueras.
Cuando se vetan las capturas se celebra (desde hace 50 años) un fin de temporada a lo grande, precisamente el último fin de semana de abril: la fiesta de la lamprea de Arbo es una de esas citas culinarias de renombre e imprescindibles en Galicia.
Por supuesto que la visita al bello entorno arborense, con su pequeña villa que no llega a los mil habitantes, es acción muy recomendable. Ora que nosotros no podemos creer que toda la gente que se acerca al ayuntamiento durante esos días lo haga atraída por las pulsiones gástricas de un deseo ‘lampreaico’.
El pan es cosa artesana, noble y honorable, de hecho es la seña de nuestra humanidad. Por lo tanto, amigos, acercaos alegres al gozoso Arbo pero dejad en paz a las serpientes del río. Y donde esté una buena empanada gallega que se quiten los temibles aliens fluviales. Malo será que la empanada resulte de…lamprea.
Foto vía: wikimedia
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