Los Ancares

Galicia cuenta con una serie de iconos fácilmente reconocibles, ya paisajísticos o comarcales, ya urbanos o monumentales. Así, la Costa da Morte, la Torre de Hércules, el Obradoiro, las fragas del Eume, la Ribeira Sacra, el tramo último del Miño…o los Ancares.

Los Ancares, una prodigiosa comarca definida por una sierra en la frontera de Lugo que se prolonga de forma natural en las montañas de León, es fidedigna prueba de la existencia de, al menos, dos Galicias. ¿Qué tiene que ver, por ejemplo, el urbanismo suicida y remilgado de las urbes gallegas con la naturaleza apenas domeñada de los Ancares?

El hecho de las dificultades orográficas y lo extremo del clima (en una Galicia que si bien ama la lluvia no está tan acostumbrada a los rigores de un frío continental) permitió que los Ancares conservasen su aislamiento maravilloso hasta ayer mismo, como quien dice (lo que no impidió que en el siglo XX parte de sus bosques fuesen castrados).

Penetrar en ellos era (y es) internarse un poco en el corazón no de las tinieblas, sino de la voluptuosidad de un mundo ensimismado, autista, atento a la epifanía pagana de una tierra tan dura como hedónica, y apenas intoxicado por la televisión o los periódicos.

La comarca fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco. Desde el punto de vista físico está determinada por el curso del Navia, río que muere en el Cantábrico. A la vera suya y de otros pequeños ríos, se suceden valles encajonados que provocan ondulaciones maravillosas del terreno.

Asimismo, ese espacio ve crecer las fragas y las carballeiras (robledales), los bosques de varias caducifolias, los sotos de castiñeiros (castaños) y gran cantidad de acivros (acebos). También los valles glaciares, vestigios de morrenas, cañones y fervenzas (cascadas). O, como construcciones humanas, canastros, pallozas, casas tradicionales y castillos.

Precisamente, entre estos últimos destacan el castillo de Doiras y el de Navia de Suarna. Respecto de las pallozas, sobre las que ya tenemos hablado, Pedro de Llano catalogó hace unos años 300 en los diferentes concellos de los Ancares, de las cuales medio centenar estaban todavía habitadas, siendo el resto utilizadas como establo y almacén.

El Camino de Santiago ha servido también para determinar la historia de la comarca. En el Cebreiro se creó un hospital para peregrinos, junto a al santuario de Santa María la Real donde, dice la leyenda, se realizó el milagro eucarístico del Santo Grial (Graal en gallego).

Pero, repetimos, el gran tesoro de los Ancares viene dado por la naturaleza. Por su flora. Y por su fauna. Cuenta con gran cantidad de especies rapaces, desde halcones, gavilanes o azores hasta águilas diversas. Entre los mamíferos destaca el lobo. Pero también hay corzos, ciervos, gatos salvajes e incluso osos. Mención aparte merece el urogallo, cada vez más difícil de ver.

Del urogallo, ave hermosa, digna y trágica, nada más podemos decir sino recordar la gran verdad del anónimo poeta: “Cuando el urogallo canta, se descubre y muere. Pero el urogallo canta”. Eso es amor fati, lo demás pornografía. Igualmente…¿canta hoy Galicia en los Ancares?

Foto vía: wikipedia

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