La Iguana Club

Pregunta: ¿cuánto vive una iguana? ¿son 20 años una edad de juventud, de madurez, de senilidad? Jo, no tenemos ni idea. Lo que sí sabemos es que en la ciudad donde periódicamente residimos hay una iguana que pronto cumplirá 20 años y se mantiene en plena forma.

La Iguana Club. El templo del rock. Se trata de uno de los locales con mayor solera de Vigo, esa Nueva York del norte descuartizada por un urbanismo mediocre y que, pese a todo, resiste, insiste, existe (qué sublime arte el suyo).

Vigo siempre tuvo esa vena de ciudad nocturna, sin dejar de ser industrial, trabajadora. La biografía de quienes se han dejado encandilar por esta ciudad tan fea como desvalida, tan hermosa como salvaje, no resiste la tentación de, una noche al menos, tras rascarse la garganta a golpe de whiskys (por favor, no se ensucie con bebidas de cola), ver amanecer entre las descargas del puerto. Ese olor a pescado fresco…

Es en ese contexto del que surge la efigie rockera de la Iguana. Desde finales de 1990 centenares de bandas han subido a su escenario y miles de personas han sentido la emoción de traspasar sus puertas, cruzar sus dos pasarelas o bajar por aquellas escaleras que tal vez nos conduzcan al mismo infierno.

Bandas nacionales e internacionales. Como unos Green Day desconocidos, justo antes de convertirse en superventas e icono juvenil, que rasgaron las cuerdas de sus guitarras sin cloroformo para un selecto público que no llegaba al medio centenar. Como unos Burning a punto de perder a uno de sus miembros más ilustres.

Son sólo dos nombres de un elenco de artistas interminable. Lo más granado del rock mundial. Sin olvidar grupos que nacen, jóvenes promesas, sabiamente protegidos por la suave penumbra, rota por destellos de diferentes colores, de la Iguana.

Es curioso notar que este garito de culto, que parecía que ya llevaba ahí toda la vida cuando empezamos a frecuentarlo, se inaugura cuando de la ola expansiva de la movida viguesa apenas quedan los ecos, los destrozos, la nostalgia.

Como un faro de la noche al mismo tiempo monolito que sirve tanto para avisar a los navegantes de la madrugada como para rendir homenaje póstumo a una revoltosa época, así la Iguana surgió de los escombros de los 80 para aliviar las penas del rockero, del mitómano, del crápula. Oh mores, oh tempora, todo pasa, nada permanece. Menos tú, Iguana de mis amores, eterna mía, lucero de la noche, hontanar de buena música y sílfides embriagadoras.

Foto vía: vigo.opinablogs

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