Muiñeira

Muiñeira. En Galicia la polisemia se adhiere a este vocablo hasta configurar un universo de símbolos y tradiciones. Muiñeira es un ritmo musical tradicional basado en un compás de 6/8 similar, por ejemplo, a las jigas irlandesas.

Muiñeira es también el baile popular que acompaña a tales composiciones. Muiñeira es, finalmente, la mujer que trabaja en el muíño (molino).

El molino de agua tuvo una presencia prodigiosa en la economía local de la Galicia precapitalista. La razón es obvia: la abundancia de ríos y caudales fluviales que riegan esta tierra es casi un milagro (como saben bien las eléctricas y los constructores de embalses). Todavía hoy quedan miles y miles de molinos en estado de abandono a lo largo y ancho de Galicia.

De hecho, todo niño gallego (que no haya nacido en Vigo o Coruña) habrá pasado parte de sus mejores momentos adolescentes recorriendo algunos de los regatos que humedecen su villa, aldea o lugar, descubriendo exánimes edificios recubiertos de musgo o ya devorados por la maleza. Sí, acaso la visión infantil de esos cadáveres de piedra explique la presunta melancolía gallega, que llevó a los sabios del país a teorizar sobre un sentimiento propio: la saudade.

Pero volvamos a la muiñeira en tanto que baile gallego par excellence. La antropología ha intentado explicar su aparición con diversas teorías. Así la que considera se trate de una evolución de una antigua danza guerrera ya documentada por Estrabón. Esto sería volver a las supuestas raíces celtas de Galicia, siempre sujetas a cierta polémica aunque cada vez menos discutidas en su fondo.

Otra teoría parte de la evidencia nominal. La muiñeira, como indica su nombre, nació en los molinos durante las fechas de la muiñada. La muiñada refiere la acción y el efecto de moler, es decir, lo que en castellano se llama molienda o moledura. Pero hoy día muiñada es, en Galicia, prácticamente sinónima de troula, o sea, de una buena fiesta.

Aquí descubrimos de nuevo los trazos de la sociedad rural, tan pegada a la tierra y los ciclos, en la que el siempre duro trabajo venía seguido del merecido momento sino de la diversión, sí de cierto relax, a través de cantos, música y bailes.

Y llegamos así a la muiñeira en sí misma. Su estructura disponía de varios puntos sucesivos ordenados de la siguiente manera: primero, uno de los bailarines más viejos (en el sentido de experimentados) o guía hacía una llamada a la danza mediante un gesto o tal vez tocando sus castañuelas, tarrañolas o cucharas.

A continuación, los bailarines se colocaban en dos filas opuestas, una de hombres y otra de mujeres. Luego el guía abre el baile con un punto, esto es, una serie de saltos, giros y cabriolas que trazan unos movimientos complejos y dinámicos que el resto de participantes debe repetir. Así se van sucediendo varios puntos, interrumpidos con las ruedas o paseos, en las que todos los bailarines caminan definiendo un círculo único.

La descrita aquí se corresponde más bien con la muiñeira nova. En cambio, en la muiñeira vella o ribeirá, la mujer, en vez de repetir los puntos se limita a describir una figura en forma de ocho alrededor del hombre. La ribeirá es más propio de las zonas litorales, en especial de la Costa da Morte. Otra variante tradicional es la del Caurel, llamada carballesa, en la que se baila toda la pieza en la rueda.

Ni que decir tiene que lo dicho hasta aquí no agota la riqueza de la danza tradicional gallega en su versión de muiñeira. Riqueza asombrosa que provoca fruiciones diferentes tanto en el estudioso, como en el practicante, no menos que en el simple espectador.

Claro que el paso del campo a la ciudad, fenómeno que en Galicia se ha efectuado tan sólo en fechas muy recientes y de una forma radical y calamitosa, provoca cada vez más que el cordón umbilical de esas tradiciones haya sido cortado del centro de la vida. Por el simple hecho de que tal centro no existe en la Galicia de hoy en día.

Foto vía: fotocommunity

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