Racimo gallego

Como sabrán nuestros anacreónticos amigos existen distintas variedades de uva, de modo que también en este punto podría decirse aquello de para gustos, uvas; o que sobre uvas no hay nada escrito.

Galicia cuenta también con variedades de uva consideradas autóctonas. En total, más de 30 en el caso de las moradas y por encima de la decena en el de las blancas. La lista no de los reyes godos, sino de las variedades reinas de uvas gallegas son las siguientes: albariño, ribeiro, condado, mencía, godello y rosal, el sustrato último de esa excelencia cunqueirana que representan los vinos gallegos.

La Galicia vinícola, en cuanto al número y extensión de viñedos y a la cantidad de explotaciones y zonas productoras, se encuentra en el sur. Solamente hay que recordar desde donde parten las denominaciones de origen galaicas.

Los vinos de Galicia, en efecto, cuentan con cinco denominaciones de origen. Son:

D. O. Rías Baixas, con cuatro zonas productora: Salnés, Soutomaior, Rosal y Condado;
D. O. Ribeiro; D.O. Valdeorras; D.O. Monterrei y D.O. Ribeira Sacra.

Entrando en detalle resulta que en la denominación de Rías Baixas, extendida a lo largo de casi una veintena de concellos, destaca el vino elaborado con variedad de uva albariño, aunque no es la única. De hecho, bajo esta denominación se elaboran un gran número de vinos, muchos de los cuales mezclan treixadura con albariño, ecuación de la que, creemos, resulta un vino grandioso y exquisito.

Si los vinos de la D.O. Rías Baixas llevan una década ocupando la posición más vanguardista e internacional de las bebidas espirituales gallegas, el Ribeiro es algo así como el sancto sanctorum de los vinos de Galicia. En él se guardan las esencias de un pueblo. La Tradición habla en ese líquido cuerpo de color tantas veces pajizo, sabor afrutado y aroma siempre amigable.

En la Ribeira Sacra la elaboración del vino es por su parte indiscernible de una poética del paisaje en el entorno del eje fluvial (padre Miño, hijo pródigo Sil) que articula la Galicia interior. La joya de la corona de esta denominación de origen son los tintos basados en la variedad mencía. Para quien encuentre los vinos castellanos un poco secos tiene en los mencía sacros una gran oportunidad de reconciliarse con el antiguo néctar de los dioses.

La D.O. Valdeorras también produce esta clase de maravillosos tintos. Pero también produce otras variedades, que devienen luego en vinos blancos e incluso rosados. Finalmente la más pequeña de las denominaciones, en cuanto a extensión de zonas productoras, es la de Monterrei. Como en el resto de los casos genera vinos de distinta coloración, sabor y fortaleza.

En definitiva, también respecto a sus vinos Galicia lo tiene todo para hacernos la vida más llevadera e incluso, por qué no decirlo, hasta feliz. Que los celtas eran unos fenómenos está claro, pero bebían cerveza, responsable de la decadencia de Occidente (según Nietzsche). Por eso a los romanos hay que agradecerles al menos esto: que nos trajesen el vino. ¡Salud, caramba, que la vida son dos días!

Foto vía: gastronomiaycia

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