Queso de Arzua

Lo de las fiestas gastronómicas en Galicia es algo digno de estudio antropológico. La comida como reunión social, festividad y motivo de esparcimiento es un tema infinitas veces repetido en latitudes galaicas. El colmo y la indigestión llegan con los calores estivales, pero todo el año está jalonado de tales eventos. Este fin de semana (5, 6 y 7 de marzo) el protagonismo recayó en Arzúa.

Arzúa es una población (también un ayuntamiento y una comarca) situada en el sur de la provincia de la Coruña, casi en el centro de Galicia (a unos 40 kilómetros de Santiago). Pues bien, su gran evento relacionado con las virtudes del comer es la Festa do Queixo de Arzúa, Fiesta del Queso.

El queso de la zona está amparado por la Denominación de Origen Arzúa-Ulloa. Se trata del queso por excelencia del país, producido artesanalmente desde hace siglos y consumido ampliamente por toda la geografía gallega.

La zona productora se extiende por Arzúa y por otros concellos del entorno, como Melide o Ulloa. Hecho con leche de vaca, presenta una capa superficial amarillenta y una textura cremosa de color blanco. Su sabor es dulce, agradable, poco salado. Su acompañamiento con membrillo es una de las empresas más fantásticas que conoce la historia de la gastronomía tradicional gallega por lo que a postres y meriendas se refiere.

La Festa do Queixo cumplió 35 años de la mejor manera posible, con un programa lleno de acontecimientos culturales y culinarios. No faltaron los concursos de tapas, las rondallas, las degustaciones, los obradoiros, los pasarrúas o los conciertos.

En fin, la comida en Galicia es un arte, como nunca nos cansamos de repetir. Ortega dijo aquello, luego mil veces repetidos, del asombroso nihilismo que caracterizaba a los gallegos como pueblo. Pero parece que desconocía su adoración por las reuniones en torno a una mesa. O será todo lo contrario: en efecto, el filósofo los vio comer demasiadas veces… y consideró que matar la melancolía y la saudade a base de raciones de queso, de polvo (pulpo), de jamón, de albariño o de ribeiro no es sino la apoteosis del nihilismo. Será…¡pero qué nihilismo tan rico!

Foto vía: flickr

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