
Vinimos a ver cómo muere eternamente el padre Miño, cerca de A Guarda, en la provincia de Pontevedra. Puerto pesquero con bonitas casas de colores, aunque atrás queda aquella imagen del antiguo barrio de pescadores con sus casas casi colgando de los peñascos Dios sabe cómo.
En el centro de A Guarda una señal nos indica el camino hacia la subida del Monte de Santa Tegra. Decidimos hacer caso a la providencia del paisaje, e hicimos bien, demasiado bien. Allá arriba, en un monte desde el que prácticamente se toca con la yema de los dedos las tierras de Portugal, se halla el Castro de Santa Tegra, uno de los más importantes y visitados de toda Galicia.
Monumento Histórico ArtÃstico desde 1931, fue descubierto por casualidad en 1913 mientras se construÃa una carretera. Valga perfecta la excusa para descubrir este yacimiento que se sitúa en torno a los siglos II a.C y II d.C. Aquà veréis viviendas de tipo circular, aunque no faltan las ovaladas y de forma rectangular, además de una parte de la antigua muralla defensiva que rodeaba el castro.
Realmente resulta una visita encantadora, ya que nos trasladamos miles de años atrás. Cuánta belleza debÃan haber visto las gentes que vivieron en este lugar. Es un auténtico mirador desde el que se divisa los Montes da Grova, el valle del Rosal, el estuario del Miño, e incluso hasta la costa portuguesa. No os podéis imaginar cómo se derrama el sol sobre el castro a la hora del atardecer.
A algunos desde aquà se nos viene a la mente las preciosas vistas de Finisterre. En Galicia cualquier rincón nos recuerda el fin de la tierra, el eterno romance entre el mar y las rocas. No es de extrañar entonces decir lo bien situado que geográficamente se hallaba este castro, dominando kilómetros y kilómetros de tierras y aguas limÃtrofes.
En la cima del monte también podéis visitar un pequeño museo, donde se exhiben la mayorÃa de restos arqueológicos que se han logrado encontrar durante las excavaciones del castro. Armas, joyas, utensilios de la vida diaria, todo un arsenal que nos transporta en el tiempo a la cultura celta, que hoy, con muy buen sentido de la palabra, se conoce ya como cultura castrexa.
Foto VÃa Phoenix Ocean
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