
Hoy os proponemos un paseo por una amplia comarca orensana, fronteriza con Castilla y León, por la que el Sil penetra en Galicia de manera abrupta, para luego abrir un valle espacioso y calmo, antes de volver a transitar entre cañones fabulosos, fuera ya, sin embargo, de las tierras que son ahora de nuestro interés: Valdeorras.
Ese valle del Sil caracteriza la comarca, no menos que las montañas de mayor entidad que se puedan encontrar en Galicia: Pena Trevina, Pena Negra, etc, superan los 2000 metros, altitud de hecho insólita para el común de los gallegos, acostumbrados más bien a un paisaje sinuoso de miles, sino millones, de oteros, colinas y pequeñas cumbres.
Pero volvamos a Valdeorras. En la época prerromana, Valdeorras estuvo habitado por diferentes pueblos. Como en el resto de comarcas gallegas, hay restos megalíticos y vestigios de castros y citanias. Así, los castros de Xirimil, Escrita y Xardoal, o las mámoas de Roblido, los dólmenes de Lombo das Arcas, por no hablar de los grabados rupestres del concello de la Rúa.
Los romanos buscaron oro en distintos tramos del Sil y por Valdeorras pasaba la vía XVIII del Itinerario Antonino. Así, por ejemplo, el actual puente medieval que une los concellos de A Rúa y de Petín está construida sobre cimientos romanos.
Más interesante, quizá, sea una escapada al concello de A Veiga, intitulado en 2001 municipio turístico gallego. La arquitectura popular, de montaña, sin apenas brotes de feísmo se reconoce fácilmente. Además de Pena Trevinca, claro, infestada de lagunas y zonas húmedas que la convierten en un destino único en Galicia.
El románico, como no podía ser menos en una comarca orensana, tiene numerosa y significativa presencia. Aunque, curiosamente, una de las construcciones emblemáticas de la comarca es de época barroca: la iglesia del santuario mariano de Nosa Señora das Ermidas, en O Bolo.
El santuario está ubicado en un lugar rocoso y de difícil acceso. A principios de la Edad Media se levantaron diferentes ermitas, al amparo de las cuevas. Se cuenta que una imagen de la Virgen fue escondida ante la amenaza de las razzias musulmanas. Siglos más tarde, unos pastores la descubrieron en una cueva por casualidad y se construyó una ermita que, ya en el XVII, acabó por convertirse en la maravilla que es hoy.
Pero Valdeorras es mucho más que Pena Trevinca, que el Sil, que As Ermidas. Iglesias, pazos, casas grandes…salpican un paisaje eminentemente rural, tranquilo, plácido. Por cierto, un último detalle para los que sufran de dolencias óseas: se trata de una de las comarcas con menos precipitaciones de toda Galicia. Claro que eso no significa que llueva poco sino únicamente que llueve menos.
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