
Toda la Costa da Morte es una tierra impregnada de lo mágico. Pero también lugar donde el clima puede no dar tregua durante semanas enteras, el viento azota libre su látigo de puntas como en ningún sitio y el mar, en ocasiones, parece querer invadir la costa por las bravas. Recorrer su abrupto litoral y perderse por sus parroquias es rescatar un trocito de auténtica Galicia.
Aquà incluso pervive otra sintaxis, otra fonética. En la lengua hablada, sÃ, pero también en el carácter, en las costumbres, no menos que en la propia geografÃa fÃsica, en el paisaje. Al dormir, los sueños son diferentes, más ricos e inquietantes. Ya despiertos, pasar unos dÃas de asueto por esta región supone reconsiderar prioridades.
Camariñas está en pleno corazón de la Costa da Morte. Es pueblo marinero, pero también de famosos encajes. Hay algo importado del norte, de los PaÃses Bajos que se ha incorporado al gesto vital de Camariñas. Y al modelo económico, claro: en toda la comarca de Terra de Soneira hay más de 2000 mujeres dedicadas a palillar, la mayorÃa en Camariñas.
La tradición artesana de los encajes de palillos se remonta al XVI y, efectivamente, nace en virtud de las transacciones comerciales con los puertos de Flandes. Hoy Camariñas, como no podÃa ser menos, rinde homenaje a su historia con el monumento a la palillera. El tamaño, en este caso, es lo de menos.
Cabo Vilán. Punto de zozobras náuticas, de noches en vela, sinónimo de un océano salvaje que no se deja exorcizar, cabo Vilán es también uno de los lugares más bellos de toda la costa. El faro se construyó en el siglo XIX. Fue además el primero de toda España en funcionar con energÃa eléctrica. ¿Quién hablaba del atraso de Galicia?
Por Cabo Vilán pasa una ruta de senderismo, maravillosa, que lleva desde el punto donde se ubicaba el castillo do Soberano hasta finalizar en Santa Mariña. Pero a decir verdad, todo el litoral del concello de Camariñas, entre Camelle y Cabo Vilán, está declarado Sitio Natural de Interés Nacional. Su valor es tan etéreo como inefable.
Precisamente en Camelle se encuentra el museo de escultura al aire libre, obra de Manfred Man. Querido y respetado por los nativos, el alemán de Camelle se hizo muy conocido a nivel nacional cuando, tras el naufragio del Prestige, los medios descubrieron en pleno epicentro de la tragedia a una especie de anacoreta, alto y delgado, que vivÃa en una cabaña y que creaba su esculturas a partir de lo recogido en las playas.
Man apenas sobrevivió al drama. Muy afectado, murió a finales de diciembre del 2002, un mes largo después de que el maldito barco empezase a escupir chapapote. Solamente un gallego de adopción podrÃa amar de esa manera la naturaleza, el mar de Galicia. Descanse en paz.
Foto vÃa: todocostadamorte
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