
Andábamos por las estribaciones de la Sierra de Moscoso, muy cerquita de Pontedeume, en la provincia de A Coruña, cuando nos llegó el sonido de piedra y misticismo del Monasterio de Santa María de Monfero.
Un silencio sepulcral de naturaleza y cruceiros parece rodear la estancia. Nada parece haber cambiado aquí desde el siglo XII, fecha en la que fue levantado este templo.
Sin embargo, el conjunto que podemos ver hoy data de los siglos XVI al XVIII. Podemos echar la vista atrás e imaginar cómo sería esto hace 500 años, cuando la espesura y los bosques nublarían la vista. La niebla y la bruma lo habrían convertido casi en un monasterio fantasma. Pero no, allí estaba, como ahora, pétreo y con esa mirada triste que parecen tener todos los monasterios gallegos.
La iglesia que se nos presenta es la Iglesia de Simón de Monasterio, del siglo XVII. Cuentan los habitantes del concello de Monfero, que es donde se sitúa el monasterio, que estuvo a punto de ser trasladada a A Coruña. Realmente, no hubiese quedado indiferente en la capital, a tenor de lo impresionante de su estructura.
La fachada es espectacular, con sus impresionantes columnas, que parten desde el suelo adosadas a la piedra, y desembocan casi en la cima del templo. También resulta curioso observar cómo sólo tiene una torre, en la parte derecha de la fachada.
Este monasterio, después de tantas y tantas vicisitudes, fue abandonado definitivamente en 1835, quedando al amparo de bosques y lentos amaneceres. En 1941 fue declarado Monumento Histórico Artístico. El interior del mismo es tan grandioso como el exterior, sobre todo con el sepulcro de Nuño Freire de Andrade, así como otros de su misma familia. Las esculturas yacentes están vestidas con atuendos medievales, y acompañados por figuras de ángeles y perros.
Muchos de los que lo visitan, sobre todo si tienen sus hoteles en A Coruña, se entristecen por el estado ruinoso en el que se encuentra. Sin embargo, el carácter mágico que le imprime su estado, no tan ruinoso como algunos cuentan, además de la vegetación derramada sobre la piedra, lo convierten en un lugar místico y muy espiritual. La naturaleza que lo rodea, las célebres Fragas de Eume, realzan el conjunto.
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