pontevedra

Qué maravilla pasear ocioso por las calles de Pontevedra. Hace unos años, el gobierno municipal tomó una decisión muy discutida por los residentes (todavía hoy) pero que agradecemos quienes no vivimos allí: peatonalizar el centro, liberar espacios, defender a los viandantes.

Hoy, la ciudad mitológicamente fundada por Teucro se nos muestra con el encanto de una urbe pensada para el hombre, no a su costa. Posee uno de los cascos antiguos más importantes de toda Galicia, un río de leyenda que le ha dado amparo, un repertorio de casas blasonadas en el centro y en los alrededores y, en definitiva, un escenario tan hermoso como noble cuya memoria no se olvida tampoco de las notas más trágicas y funestas.

Además, claro, de sus puentes. Su nombre mismo, Ponte-Vedra, hace referencia al antiguo puente romano que cruzaba el Lérez, sustituido en el siglo XII por a Ponte do Burgo (puente en gallego es nombre femenino), uno de los símbolos de la ciudad, y en donde se situaba una de las puertas de la muralla que rodeaba la Pontevedra medieval y renacentista.

Esa Pontevedra histórica, en realidad, no difiere tanto de la urbe actual. En el siglo XVI Pontevedra era quizá la ciudad con mayor empuje de Galicia, y hoy son visibles todavía las trazas de aquel glorioso pasado. Empezando por la que podría calificarse de catedral pontevedresa: la iglesia de Santa María la Mayor.

Destacadísima es la fachada. La relativa soledad del lugar permite su contemplación sin miedo a ser molestados. La iglesia o basílica se construyó a lo largo de ese Seiscientos tan próspero para la capital del Lérez. Se encuentra en lo que era una de las esquinas del recinto amurallado. Es buen punto para iniciar una excursión, y salir ya de nuestros alojamientos en Pontevedra, pues si descendemos por las escaleras del atrio y subimos por la calle urbana daremos de bruces con la Plaza de España: a un lado, la ciudad vieja, al otro el huerto del convento de San Domingos.

Claro que el huerto ya no es tal: se ha convertido en la Alameda. A su alrededor varios pazos, como el que alberga la sede de la Diputación o el edificio del concello, además de las ruinas del convento. Estas ruinas son un diminuto exceso (perdón por el oxímoron) romántico en el centro urbano: una delicia para quien tenga alma de poeta.

La zona histórica está plagada de plazas, algunas de las cuales están (en nuestra humilde opinión) entre las más bellas del noroeste peninsular. Las hay grandes o barrocas, como las de la Ferrería o la de la Peregrina, mientras que otras están a la espera de ser descubiertas (como la plaza das Cinco Rúas, donde se halla un famoso cruceiro de 1733), rincones absolutamente embriagadores donde entregarse a la piedra, a la lluvia o al amor.

En el entorno de la plaza de la Ferrería se encuentran los jardines de Casto San Pedro y la soberbia iglesia de San Francisco, de la capilla de la Peregrina ya no decimos nada, y un poco más abajo, la iglesia de San Bartolomeu, el convento de Santa Clara o el magnífico edificio que acoge el Museo Provincial.

Pero tales son apenas unos cuantos ejemplos del inagotable patrimonio de Pontevedra. Otro día, si acaso, nos extenderemos al por menor con cualquiera de ellos, o de los no señalados ahora. Finalizamos recordando que esta pequeña y encantadora urbe, a veces denigrada por sus aires clasistas y su condición de ciudad de funcionarios, también tiene sus mártires.

Uno de los más célebres, pontevedrés no de cuna sino de adopción, fue Alexandre Bóveda, al que no sin tiempo se le ha dedicado una plazita no muy lejos del Teatro, fusilado en el 36 tras una pantomima de juicio. Sus últimas palabras pronunciadas ante el tribunal representan el gesto más cercano a un acto heroico del que jamás hayamos tenido noticia.

Bóveda no era un genio, ni una personalidad extraordinaria ni un fénix de la naturaleza. Por eso mismo, porque siendo así dejó semejante testamento en el momento en el que lo condenaban a muerte por el simple hecho de una ignominia triunfante, nos parece uno de esos hombres que Brecht calificaba de imprescindibles.

Foto vía: aikun.files

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