
Si alguna vez habéis estado, a buen seguro que no se os habrá olvidado la experiencia. En la provincia de A Coruña, un poco más allá de Cedeira, y pegadito a Ortigueira, se halla el pueblo de Cariño.
Nada más llegar os daréis cuenta porqué a Galicia se la conoce como auténtico paraíso natural, un romance eterno entre el verde y el azul, que no parece acabar sino más allá del horizonte, donde la mirada pierde el equilibrio sobre la espuma y el océano.
Y es que no podemos dejar de maravillarnos y quedarnos perplejos cuando nos asomamos a los Acantilados de Cariño, los acantilados marinos más abruptos y altos de Europa, con su caída de más de 600 metros de altura. El sonido del viento y el rugir de las olas allá abajo nos recuerdan que la vida sigue, como un laberinto que se nos ensortija en las ropas.
El espectáculo es impresionante, con maravillosas cascadas que caen de los acantilados hacia el mar, sobre todo desde la sobrecogedora Punta do Limo. Una zona escarpada que podemos recorrer hasta el Mirador de Herbeira, andando sobre un terreno del que dicen que sólo hay en el mundo tres cabos más antiguos que éste.
El Cabo de Ortegal se levanta aquí orgulloso, valiente, suscitando una paleta de colores impresionante. En el horizonte los promontorios rocosos de Os Agullons, batidos por el viento y el golpe incesante de la marea. El Faro del Cabo de Ortegal se nos divisa también al fondo, testigo mudo y solitario del embravecido rugir de las olas, manos azules que han ido tallando siglo a siglo verdaderas joyas de arquitectura en las rocas.
Para llegar al faro desde Cariño hay una carretera, de unos tres kilómetros, de fácil acceso. Muchos dicen que hay que venir a esta zona en un día claro, soleado, para poder ver el espectáculo del mar y el horizonte, fundidos en un abrazo interminable. Yo diría que incluso en un día de temporal y de lluvia, este rincón de la tierra debe ser un auténtico paraíso, como una película de mar y viento.
Desde Cariño podéis perfectamente llegar hasta el Cabo Ortegal, sus acantilados, y el faro, para divisar una de las vistas más espectaculares que hayáis visto jamás. Si os gusta el mar, si os atrae la naturaleza virgen y queréis vivir una experiencia única, traeros vuestra cámara fotográfica, y sentaros a disfrutar de la maravillosa presencia del océano.
Foto Vía Bernt Rostad