
Asomémonos, una vez más, al mar. A una de esas formaciones tan características de Galicia, las rías, llamadas por algunos los fiordos gallegos, donde el océano, tantas veces impetuoso y terrible, se entrega a una muerte llena de placidez y dulzura. Asómemonos, en esta ocasión, a la ría de Muros y Noia.
Por su vertiente sur: allí se encuentra el ayuntamiento y la villa de Noia. Se dice que Noé, aquel interlocutor de Yahvé amigo de los animales, anciano ya, llegó tras el diluvio a un punto llamado A Barquiña. Después, sería su nieta Noela o Noelia (por decirlo a lo Nino Bravo), la que se encargaría de fundar una nueva ciudad: Noia.
Curiosa esta estructura que se repite en las leyendas de la Galicia litoral: personajes legendarios de la mitología celta, griega o judía, e incluso figuras más o menos históricas vestidas con ropajes de la fantasía, que arriban a un lugar de la costa gallega, cuando no son ellos los que parten. Los Teucro, Hércules, Ith, Santiago…nos hablan de una Galicia atlántica realmente cosmopolita.
Es probable, sin embargo, que el Noé bíblico no saliese jamás de los límites de la imaginación tan fecunda como alocada, de los hombres de Palestina. Ahora bien, lo que es indudable es la presencia, en Noia, de múltiples restos de asentamientos humanos que se pierden en la noche de los tiempos.
Hay diversos puntos calientes de la época megalítica, en Noia y en alrededores. En los concellos vecinos (Lousame, Outes, Porto do Son) existen importantes grabados rupestres del Bronce. La geografía está infestada de vestigios castreños, uno de los más famosos se halla al sur de Noia, ya en Porto do Son: el castro de Baroña.
El valle del Tambre, río que desemboca en la boca de la ría, estaba habitado por los praestamarcos, según narra Pomponio Mela, mientras que Plinio se refiere en sus escritos al oppidum de Noega, precedente del topónimos actual, Noia.
La villa propiamente dicha fue uno de los núcleos urbanos más importantes de Galicia en la Edad Media. Por su casco histórico (declarado Conjunto Histórico Artístico en 1981) con sus abundantes soportales todavía hoy, para algunos, sigue siendo la pequeña Compostela. Papel principal en la fisonomía urbana de Noia lo representa la iglesia gótica de Santa María a Nova que, junto con el interesantísimo cementerio, fue declarada Bien de Interés Cultural en 1973.
Otras iglesias posteriores, muy notables, son las de San Francisco y la de San Martiño de Noia. Además, las parroquias trazan un anillo románico en torno a la villa, con los templos de Santa Cristina (Barro), Santa María (Argalo) y Santa Mariña (Obre).
Asimismo, de nuevo en la villa, el antiguo monasterio de San Francisco, en parte reutilizado para la construcción del palacio municipal, y una serie de pazos y casonas, acaban por configurar un hermoso entramado lleno de historia y encanto, siempre con la referencia ineludible de la ría al fondo.
Foto vía: empresariosdenoia