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Cuán gustosas son las efemérides en estos días póstumos por los que transita la (pos)Modernidad. Por eso resulta todavía más llamativo el olvido respecto a los 80 años de la muerte de Manuel Antonio. Si bien es cierto que 80 no es una cifra del todo “redonda”, no lo es menos que merecería en todo caso una breve nota en los periódicos.

Manuel Antonio Pérez Sánchez, conocido sin más como Manuel Antonio, nació en Rianxo un 12 de julio de 1900, y se fue de este mundo no mucho después, el 28 de enero de 1930. Vida breve, pues, y como tal de sabor inconfundiblemente trágico y romántico. Con Manuel Antonio la literatura gallega se equiparó al resto de literaturas europeas en lo que corresponde al ciclo contemporáneo de vanguardias.

El Hemingway gallego. Lo decimos por su deseo de participar en la Primera Guerra Mundial, enrolado en el ejército francés, pese a ser todavía menor de edad. Pero su carácter intrépido resulta más bien de una amalgama con otras celebrities del ‘mundillo’: Lord Byron, Rimbaud… Ved si no: tras la imposibilidad de participar en la Gran Guerra, intenta ingresar en la guerrilla de Sandino en Nicaragua. Como no lo consigue, se le ocurre, otra vez sin éxito, participar en la Revolución Rusa

La vanguardia. En el período de entreguerras eclosionan los movimientos artísticos, las corrientes literarias, en una palabra: los ismos. Vistos hoy con cierta nostalgia, como si perteneciesen a una edad infantil de la literatura, cuánta amargura senil hay en tales juicios. Cada ismo consistía de suyo en una especie de eyaculación precoz del genio, que no sobrevivía al día de mañana. Eso sí, con mucho ruido y gran alborozo, dejaba a la posteridad un manifiesto.

Máis alá! También Manuel Antonio, junto con el dibujante Álvaro Cebreiro, publicó en 1922 su texto, provocador y vanidoso, concientemente rupturista con la tradición. En las tranquilas aguas del estanque literario gallego, que llevaba años viendo crecer su cauce con las aportaciones de la xeración Nós (sin la cual, por otra parte, sería imposible comprender la literatura gallega contemporánea), a la piedra panfletaria manuelantoniana no se le prestó mucha atención.

De lo local a lo universal. Manuel Antonio,cuya biblioteca se nutría de todo lo que con el sello de la novedad iba apareciendo en Europa (Apollinaire, Reverdy, Huidobro, Gerardo Diego…), fue considerado, al principio, como un autor crecionista y ultraísta. Pero su rabiosa individualidad, en el fondo, hacían de tales etiquetas un mero recurso simplificador, muchas veces sin sentido.

El poeta y el mar. El de Rianxo cursó estudios náuticos en Vigo. El mar fue su pasión: lo llevaba en la sangre. Entre 1926 y 1927 hizo prácticas como piloto en un paquebote, donde se produce la génesis inicial de su libro de poemas De catro a catro.

Tuberculosis. Después se embarcó a Sudamérica y, ya en 1929, a África del sur, viaje que tendría graves consecuencias. Ya de niño, el poeta se viera afectado por la enfermedad. En su última travesía su salud se vio muy perjudicada. Regresó a Galicia para morir poco después.

S O S. Hace algunos años, de manera póstuma (como tiene que ser), Manuel Antonio traspasó una frontera que está al alcance de muy pocos poetas: su poesía se hizo profética. En concreto el poema S O S, que hace ahora más de siete años empezó a prodigarse por baños de estaciones, paredes urbanas, etc, como un mensaje en una botella.

SOS no sólo es la llamada de socorro habitual en los mares, en gallego también significa “solos”. Manuel Antonio jugaba con ambos sentidos en el título del poema, cuyos primeros versos son: “Fomos ficando sós/ o mar e o barco e máis nós” (Fuimos quedándonos solos/ el mar, el barco y nosotros). Efectivamente, eso sucedió en Galicia, hace ahora más de siete años…

Foto Vía: papel en blanco

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