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Como en el caso padronés de Rosalía, la Casa Museo de Otero Pedrayo es, si las cosas no han cambiado (no deberían)  visita obligada de todos los escolares gallegos, al menos de los residentes en las provincias de Ourense y Pontevedra.

La casona se encuentra en Trasalba, gozosa aldea en el límite del concello de Amoeiro, rico en pazos y hórreos, no lejos de la propia ciudad de Ourense. Trasalba es lugar luminoso y bello, como un mirador lleno de historia y misterio, rodeado de montes y a cuyos pies discurre el Miño, gorgoteo líquido de plata.

Comprendemos perfectamente a don Ramón Otero Pedrayo, que sin duda hizo suya la frase unamuniana de “no sé cómo pue vivir quien no lleve a flor de piel los recuerdos de su infancia”. La casona familiar de Trasalba nos recuerda el antiguo linaje de hidalguía rural al que pertenecía el gran escritor gallego.

Alrededor de la finca, un Otero Pedrayo niño entraría en contacto con la realidad de la sociedad gallega campesina y con su paisaje físico. El viejo pazo de aldea, además, se convertiría en uno de los símbolos literarios del Otero maduro (por ejemplo en su novela Os camiños da vida), cuando la memoria del escritor se ponga a evocar las historias escuchadas en labios de su abuela, referidas siempre a familias hidalgas de un mundo que estaba dejando, literalmente, de existir.

La casa está en el lugar de Cima da Vila (Galicia es inconfundible con su prodigalidad para la toponimia; así, en este caso: hay un lugar, una aldea, una parroquia, un concello, etc…cada entidad con su respectivo nombre), por eso don Ramón se refería a ella como Casa Grande de Cima da Vila.

A unos metros del portalón de la entrada de la finca hay ( o había) unos sempiternos castiñeiros (castaños) en un cruce donde se levata un cruceiro. Sobre la misma entrada hay una inscripción que nos recuerda la identidad del autor y la fecha (1764). Una vez dentro de la finca, contemplamos el lugar donde se guardaban los carros, los nobles soportales de la casa, el balcón que se continúa en una maravillosa galería…

Galería y balcón cuyo diseño, por cierto, se deben a uno de los ilustres amigos de Otero Pedrayo: Alfonso Daniel R. Castelao, autor de Sempre en Galiza. El interior de la casa…aunque se haya reformado, puesto calefacción, etc, sigue de algún modo acogiendo el espíritu, sabio y tranquilo, de Otero Pedrayo.

Y para los fetichistas, un último dato: en la finca había plantado una araucaria el padre de Otero al nacer éste (marzo de 1888). Casi noventa años después, mientras leía las Memorias de Ultratumba de Châteaubriand, moría Otero en su casa de Ourense. Sus amigos lo enterraron con ese libro en un ataúd hecho con la madera de la araucaria. Y así se cerró el círculo.

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