
Ya lo hemos dicho: Coruña es una ciudad contradictoria donde las haya. Mientras sigue sin decidirse a retirar los honores ofrendados en su dÃa a Millán Astray, ya sabéis, aquel amante de la muerte, y algunas docenas de jubilados y adictos al Antiguo Régimen se congregan de vez en cuando alrededor de la estatua del fundador de la Legión para recordarnos que cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor, la urbe se erige, por otro lado, en noble faro del conocimiento y de las artes.
Verbigracia: se ha tejido una interesante red de museos cientÃficos que viene de lejos. Como entra ahora un nuevo año que sin duda traerá con él nuevos propósitos, ¿qué mejor manera de comenzar el 2010 que ‘girando’ (perdonad el italianismo) por los centros de divulgación cientÃfica, interpelándonos a no vivir solamente con el pan rosa que se hace mediante la harina mediática del corazón?
La Domus, la Casa del Hombre, se halla dominando un lateral del maravilloso paseo marÃtimo de la ciudad, entre el Orzán y la Torre de Hércules. Inaugurada en 1995, presume de ser el primer museo interactivo del mundo dedicado al ser humano. Nosotros la visitamos hace tiempo, pero recordamos el placer de ir de aquà para allá atravesando los numerosÃsimos módulos interactivos y temáticos. Conocer disfrutando, o disfrutar conociendo: asà se resume una visita a la Domus.
La Domus posee un enorme cuadro de la Gioconda, realizada con más de 10000 fotografÃas de personas de todo el mundo. La iniciativa fu muy aplaudida y comentada ya desde los primeros dÃas de vida del museo. También tiene una interesantÃsima sección sobre genética, y otra dedicada a la evolución, tema que durante el 2009 se convirtió en privilegiado en razón del Año Darwin.
En otro punto de la ciudad, el verde entorno del Parque de santa Margarita, se halla la Casa de las Ciencias. Como en el caso de la Domus, más si cabe, se busca la colaboración cuando no la complicidad de quienes la visitan. Se trata de descubrir la magia de la fÃsica a través de la ejemplaridad de unos experimentos que van de lo cotidiano a lo extravagante, pero siempre pasando por lo asombroso.
Porque ¿quién dijo que la ciencia no era divertida? Además, la excursión puede finalizar de la mejor de las maneras con una visita al planetario. El Sistema Solar, la galaxia y el universo vistos en alta resolución. Aquellas estrellas, la verdad, brillan con más fuerza que las que pueblan nuestros sucios y vaporosos cielos. ¡Poetas del mundo, abdicad de la naturaleza! No hay luna más hermosa que la (tan cómodamente contemplada desde las butacas) del planetario…
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