El apalpador

Los niños del interior de Lugo, de las montañas del Courel y del Cebreiro, cuentan impacientes las horas que faltan para la noche de 24 de diciembre, o quizá para la del 31. ¿Nerviosos ante la llegada de Papa Noel? Pues…sí, pero se trata de un San Nicolás especial, autóctono, gallego: el Apalpador.

La figura de un anciano barbudo forma parte del acervo común de nuestro tronco indoeuropeo. Padre del invierno en tantas culturas, Papá Noel nórdico, Olentzero en Euskadi… herencia precristiana que ha sobrevivido con los ropajes paganos en los márgenes de la vieja Europa, mientras en otras zonas, en cambio, fue ya hace tiempo rebautizado como San Nicolás (y luego ulteriormente comercializado gracias a alguna bebida de cola).

Empero, maravillan los perfiles propios de esta figura gallega, reducida hoy a puntos muy concretos de algunas aldeas luguesas y objeto de un intento de recuperación. El Apalpador es un anciano gigantón, de barba pelirroja, con chaqueta remendada y báculo o palo de roble. Además, fuma en pipa, como un señor. Vive en la cumbre de la montaña y su oficio es el de carbonero.

La noche del 24 o la de fin de año baja hasta las aldeas. Los niños duermen ovillados debajo de las mantas (a finales de diciembre en las montañas de Lugo hace mucho frío), aunque es muy probable que la emoción de esa noche mágica los tenga intranquilos, por lo que los padres tendrá que recurrir a una serie de canciones que versan sobre la llegada inminente del Apalpador.

Cuando llega el misterioso personaje, ‘apalpa’ las barrigas de los niños para ver si están rebosantes o si más bien denotan el hambre pasado durante el año. Si el vientre infantil se muestra gozoso el Apalpador, según lo recogido por José André Lôpez Gonçâlez, dice las siguientes palabras: “Así, así estés todo el año”, dejándole al lado de la cama una presa de castañas.

Si el niño no tiene apenas barriga, el Apalpador no dice nada, pero no por eso se muestra cicatero y también lo agasaja con castañas. No son éstas, sin embargo, el único regalo del Apalpador. El gigante trae otros obsequios, que los niños descubrirán a la mañana siguiente quizá cerca de la lareira. Por eso, y porque el viejo carbonero es muy goloso, las familias tampoco se olvidan de dejarle algún dulce bien visible al bueno del Apalpador.

Aquí os dejo un vídeo del Apalpador de visita por Compostela.

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