Parque do pasatempo

Los indianos eran un verdadero tipo social en la Galicia de finales del XIX y principios del XX. Los indianos, es decir, gallegos emigrados a las Américas y luego retornados. A decir verdad la emigración, en su conjunto, es acaso el elemento más vigoroso que ha caracterizado al pueblo gallego no sólo desde el punto de vista económico y social sino incluso, nos atreveríamos a decir, ontológico.

Que lo que defina a una sociedad sea el hecho (más bien la necesidad) de estar continuamente abandonando el hogar es bien significativo. La emigración va a aparecer de modo reiterativo como motivo artístico y literario, y las Américas, para los gallegos de hace cien años, se presentaban con el ropaje ambiguo de aquello que si bien anuncia el Dorado de las oportunidades no deja de separarnos de la tierra querida.

En cualquier caso, muchos de los gallegos que cruzaron el charco por centenares de miles acabaron triunfando en su país de acogida (Cuba, Argentina, Venezuela, Brasil…). Pero nunca se olvidaron de sus orígenes. Ya volviesen antes o después, fueron ellos los que, desde la lejanía, intentaron modernizar Galicia. Los indianos financiaron escuelas, hospitales, asilos, obras públicas. Y fueron un vector esencial en el renacimiento cultural.

En ese contexto, y olvidando ahora un ulterior deterioro del impulso filantrópico y vanguardista de la emigración (el que ya en los años sesenta le haría describir a Celso Emilio Ferreiro su experiencia americana como un Viaje al país de los enanos), es en el que cabe inscribir el Parque do Pasatempo, siuado en el ayuntamiento de la muy noble villa de Betanzos.

Obra de los hermanos García Naveira, especialmente de Xoan M. García Naveira, indianos ricos, fue concebido como un parque enciclopédico y didáctico que ofrecía la oportunidad de recrear los viajes ultramarinos a través de una serie de elementos figurativos y corales. De estética un tanto bizarra, el colosal parque tenía una extensión original de más de 90000 metros cuadrados. Hoy apenas se conserva una décima parte.

Su construcción comenzó en 1893, requiriendo cantidad asombrosa de mano de obra para lo que aquella época acostumbraba. Por lo tanto, ya antes de su finalización, en 1914, el parque impuso una dinamización económica a la comarca que luego pasó a ser también cultural.

Estructurado en varios niveles, museo al aire libre, se anticipó por décadas a la futura explosión de parques temáticos interactivos. Contaba con estaques, cuevas, auditorio, relojes de sol, sección de inventos y nuevas tecnologías, murales ilustrativos, representaciones mitológicas, recuerdos de las Américas o del antiguo Egipto, etc.

De todo había en aquel curioso cajón de sastre que empezó a decaer en los años treinta. Pero el golpe de gracia se lo dio la (nunca del todo bien llamada) guerra civil. La obra de los indianos, proyecto que buscaba instruir al pueblo, hacerlo más autónomo, independiente y libre, fue convertido en campo de concentración. Ad maiorem gloriam ignominiae.

Pulsa aquí para imprimir este artículo

  • No hay comentarios todavía ...