Amancio Prada

Rosalía de Castro y Amancio Prada. La una para el otro, el segundo gracias a la primera. No es que tanto monta, monta tanto. Pero sí que ambos nos ofrecen un maravilloso montaje. Señores, fuera el cinismo y el cansancio. Hay parejas más ruidosas y mediáticas, sí. No las hubo, jamás, con mayor capacidad de entendimiento.

Amancio Prada es un músico del Bierzo. El Bierzo, para la Administración comarca de Castilla y León, siempre habló con acento gallego. Así, la familia de Amancio Prada, quien estudia en París. Allí, en Francia, saca su primer disco:VIDA E MORTE. ¿Cómo extrañarnos de que el título estuviese en la lengua de sus padres?

En ese disco, Amancio ya le toca las fibras a la virgen Rosalía. Pero la consumación del acto, como se decía antes en los corrillos judiciales (y eclesiásticos), se produjo poco después, en 1975, cuando Amancio Prada publicó su segundo disco, el primero en territorio español: ROSALÍA DE CASTRO.

Lo que pasa en ese LP es fascinante. Dos naturalezas distintas unidas por un solo deseo, dos instrumentos que dan la nota con el mismo tono, dos pintores que descubren en el otro la misma luz. No sé como describirlo. Los poemas de la gran poeta gallega encuentran una voz que les pertenece. La voz del gran cantautor del Bierzo da con el filón que la hará eterna.

Se coadyuvan, se compenetran. Como si desde siempre unos, los versos, naciesen para la otra, la voz. Poco importa el siglo que media. Esta es la verdadera historia de Romeo y Julieta. Rosalía fue desde el principio una poeta homérica. Es decir, sus versos fueron inmediatamente expropiados por el pueblo. Sus coplas fueron transmitidas de boca en boca, como si de romances populares se tratasen.

Pero había confusión, había cierta disonancia. Hasta que llegó Amancio Prada y puso su voz y sus acordes. Y sus acordes eran los de Rosalía. ¿Quién no se emociona al comprender esto? Dos amantes separados no por la rivalidad burguesa de las familias (repito: Romeo y Julieta) sino por la necesidad inexorable de los tiempos.

Escuchar hoy Adiós ríos, adiós fontes, o Campanas de Bastabales, o tantas otras, es descubrir la emoción de Rosalía de Castro, su dolor, su angustia, su lejano optimismo a través del sufrimiento, su desesperanza y su gozo. Gracias Amancio, porque tú has conseguido lo que pocos pueden: viajar en el tiempo y traer hasta el presente un trocito del pasado auténtico.

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