Druidas

Prisciliano es una de las figuras imprescindibles de la historia de Galicia, de una Galicia en ciernes, es cierto, pero que ya despuntaba como cierta realidad autónoma (si comarcal, regional, nacional o cosmopolita es algo en lo que nosotros no entramos) a finales del siglo IV.

Pero es asimismo su primer mártir, y mártir cuya memoria no sería ulteriormente vindicada, por lo que su conocimiento y reconocimiento apenas ha trascendido los ámbitos eruditos.

Oriundo probablemente de la entonces Gallaecia, de familia aristocrática, Prisciliano se nos aparece con los ropajes del profeta, del revolucionario, del rebelde. A su alrededor se formaría un movimiento que rebasaba lo religioso en favor de lo espiritual.

Su gesto de anacrónico druida se combinaba con una formación que no había sido insensible a los maestros clásicos, y por eso mismo suponemos que su dominio de la teatralidad, característica de los sacerdotes celtas, iba acompañado de una retórica exquisita.

Nacido en torno al 340, será en una ciudad de la Galia (Francia) donde descubra las ciencias que no formaban parte del, digámoslo así, currículo oficial. Después de regresar a Gallaecia y ser nombrado obispo de Ávila, en derredor suyo se formaría una corriente imparable y defensora de un credo que, a ojos de la jerarquía eclesiástica, mezclaba superstición, astrología y misticismo.

Porque Prisciliano, de ascendencia noble, predica también para los pobres. Defensor de la igualdad de sexos, las mujeres lo seguían como a un nuevo Dionisos. Pero su doctrina se basaba, sin embargo, en el celibato, el ascetismo o la renuncia a los bienes temporales, así como en un ecologismo avant la lettre y, sobre todo, en un hilozoísmo que conectaba directamente con las creencias más íntimas de los galaicos.

Claro que en un momento en el que la Iglesia empezaba ya a acomodarse en la poltrona del poder aquel discurso tenía que ser visto como una amenaza a su autoridad, más si tenemos en cuenta que, como después Lutero, Prisciliano defendía la lectura personal e intransferible de los textos sagrados.

Se conspira en su contra y finalmente es decapitado, junto a varios seguidores, en Tréveris a instancias del emperador Máximo, quien era aconsejado y azuzado por obispos rivales de Prisciliano. A la par, sus doctrinas se declaran heréticas y se persigue a quien ose defenderlas. Pero la mecha del priscilianismo penetraría tan profundamente la cornisa atlántica, que durante siglos la manera de entender y vivir el cristianismo que tuvieron los gallegos no fue otra que la de Prisciliano.

Los restos consiguieron traerse a Galicia. Se ha discutido mucho el lugar de enterramiento. Quien conozca la historia del apóstol Santiago, inventada por cierto a posteriori, se habrá dado cuenta de las similitudes entre ambos relatos. Por eso, hay una pregunta pertinente que deberíamos hacernos: ¿Es Prisciliano quien realmente fue enterrado en Compostela, en lo que hoy es la catedral? Hay muchas probabilidades de que, en efecto, así sea.

¿Queréis descubrirlo con vuestros propios ojos?. Sin duda que hoy es muy sencillo, gracias a la gran cantidad de vuelos baratos a Santiago que hay disponibles desde cualquier punto.

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