
Adentrarse en Galicia es dejarnos tocar por la magia y el misterio de una tierra envuelta en tesoros y secretos. Aún recuerdo aquella ocasión en la que dejé que el entusiasmo me llevara no lejos de las fuentes del rÃo Eo, en la provincia de Lugo. Una antigua señal, blanca como el profundo mediodÃa que caÃa del cielo, delató la presencia de mi nuevo amigo, Castroverde.
Pequeño pueblo, para muchos aldea, que apenas llega a los 500 habitantes. De su horizonte se proyecta elegante una torre medieval, que nos enseña, como maestra de ceremonias, los montes da Vaqueriza y la verde campiña, cosa rara, ¿no?, que rodea el lugar.
Como todo lo que toca Galicia, Castroverde está atravesada por el primitivo camino de peregrinación entre Oviedo y Santiago. Esta es la vieja Tierra de Luaces, donde los Lemos, antigua familia de nobles, ejercÃan su influencia desde el castillo. De aquel castillo quedan las leyendas, los recuerdos, y la torre del homenaje, del siglo XIV, en donde nos detenemos a oir el ronco sonido de las espadas que se oyen bajo las piedras.
Desde el siglo XVIII, Castroverde celebra ferias dominicales, tanto el primer como el tercer domingo de cada mes. Lo hace con sus tradicionales puestos de piedra, aquà conocidos como pendellos, y bajo el auspicio de la fresca sombra de los robles y castaños.
Si queremos recorrer un poco los alrededores de Castroverde, enseguida llegaremos a Vilabade, donde encontramos la famosa Catedral de Castroverde, llamada asà por ser un fino templo gótico, de 1457, edificado para los franciscanos por algún conde de Lemos. Entrar en su interior, y admirar el retablo mayor barroco.
En los alrededores, pequeñas casas nos dan muestra clara de las tÃpicas parroquias de la campiña gallega. Por aquà andan las de Espasande, Cellán do Mosteiro, Pumarega y Uriz. En Cellán podéis ver el precioso Pazo de los Pardo, tÃpica construcción galaica, en donde solÃan vivir los señores del pueblo.
Dejamos Castroverde tan pronto como nos dio la bienvenida. El silencio verde queda atrás, mientras la vista se pierde y se recrea en el recuerdo de un pasado que, tal vez, hayamos vivido antes en otra vida.
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