27-10-2009 | Souto Alves

cruceiros en Galicia

Galicia es un pueblo de tradiciones orales y cultura popular. Durante siglos, entre la inmensa masa endógena de campesinos o marineros y la escasa élite exógena (funcionarios del estado, altos cargos de la Iglesia, nobleza) había una película impermeable que mantenía a ambos grupos separados, incluso en el idioma que hablaba cada uno de ellos. Por eso, de alguna forma, el verdadero arte gallego es también un arte colectivo, por así decir anónimo. Si uno de los mejores ejemplos lo encontramos en los hórreos, el paradigma lo representan los cruceiros.

Pese a lo que es costumbre creer en Galicia, los cruceiros no son exclusivos de esta tierra, ni siquiera del continente europeo. Pero será evidentemente con el advenir del cristianismo y sobre todo con el declinar de Roma (pues en el Imperio la crucifixión era sinónimo de actos delictivos, reprochables, que no cabía representar artísticamente) cuando las reproducciones escultóricas de la pasión se extiendan por todo el continente.

Un cruceiro es un monumento de piedra coronado por una cruz sobre un fuste que se asienta sobre una base escalonada. La altura del cruceiro puede superar los cinco metros. La base y el fuste en muchas ocasiones presentan motivos alegóricos extraídos de la narración bíblica. En la cruz, lo más característico es la diferencia entre el anverso y el reverso. El primero suele mostrar a Cristo crucificado, a veces acompañado de la Virgen (o de algún otro personaje), aunque es más común que María aparezca en el reverso.

Los cruceiros rememoran la crucifixión, así como, santificando el lugar donde se asientan, combaten el mal. De ahí su ubicación tanto a la entrada de pueblos y aldeas como en los puntos de gran temperatura simbólica: cruces de caminos, cumbres, riberas… No son exclusivos de Galicia, repetimos, bien que el número de entidades de población (en Galicia hay más pueblos, o había, que en el resto del Estado en su conjunto) explica su extraordinaria diseminación.

A veces se ha buscado un paralelismo con otras tierras de presumible raíz celta donde también son muy usuales este tipo de construcciones, viéndolos como una reinterpretación cristiana, a través del arte, de creencias muy fuertes enraizadas en la tradición pagana previa. El mismo Castelao es autor de una exquisita obra titulada As cruces de pedra na Bretaña, publicada en 1931 tras un viaje a la región francesa, en la que estudia los cruceiros bretones, acompañando el texto con cuidados dibujos. 

En Galicia, el cruceiro más antiguo conservado es el de Melide, ni más ni menos que del siglo XIV. Del XV hay unos cuantos, entre los que destaca el de Home Santo, en Compostela, que fue trasladado de Bonaval a Sabugueira en el XIX. Hay verdaderas joyas de genio popular en algunos cruceiros. Uno de los más admirados y celebrados es el de Hío, en la península del Morrazo, donde se escenifica la Pasión con lujo de detalles, sobre el fondo maravilloso de la ensenada de Aldán.

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  1. Necesito mas informacion sobre monumentos en galicia, estoy en un colegio de sevilla y estoy haciendo un trabajo.

    Gracias

    Comentario por alejandro
    24-03-2010 @ 15:26