
Últimamente os venimos hablando en varios artículos sobre la conocida Costa da Morte gallega. Os puedo asegurar que impresiona, realmente. El rugido impetuoso de las olas sobre las rocas, el amplio reguero de espuma que se forma. Es la voz del mar la que truena y la que pone el acento en el horizonte.
Pero, esta misma Costa da Morte que tanto impacta al visitante, nos muestra su otra cara. Aquella en la que unos pequeños pueblos se arremolinan junto a ella, acompañándola, sintiendo la presencia inquietante del mar. Hoy nos hemos trasladado hasta Laxe, en la provincia de A Coruña, en una de las bahías más hermosas de esta zona de Galicia.
Es curiola la entrada que tiene Laxe porque, si bien lo primero que ves son unos apartamentos modernos, tras ellos aparece la Iglesia de Santa María da Atalaia, del siglo XV. La veréis casi desde cualquier punto del pueblo, y nos muestra el clásico estilo gótico mariñeiro.
Del interior os destacamos los sepulcros de los Moscoso, del siglo XIII, o el atrio parroquial, que, curiosamente, funciona como mirador del puerto. Cerca de la iglesia hay un bellísimo cementerio. Tengo que reconocer que fue en Galicia donde adquirí esa costumbre rara del gusto por los cementerios de piedra. Hay ejemplos de bella factura, y uno de ellos es el de Laxe.
Desde el cementerio tomaremos un bello paseo contemplando las típicas galerías y vivendas marineras, tan típicas de Galicia. Poco a poco iremos llegando hasta la plaza de la Vila, pasando por la casa do Arco, con un pasadizo medieval.
Ya en el centro del pueblo, y también curiosamente, nos encontramos con la playa. Me encanta el paseo marítimo de Laxe. Puedes divisar una amplia panorámica de esa Costa da Morte de la que tanto hemos oído hablar y tanto hemos leído.
Os recomiendo visitar Laxe el Viernes Santo, con la procesión del Santo Entierro. El silencio y la oscuridad sumen a la población, y sólo se ve alumbrada por las velas que hay colocadas en las ventanas. También son interesantes las fiestas de la Asunción, a mediados de agosto, o la procesión marinera del Carmen, en la que los marineros simulan un naufragio.