Catedral de Santiago

Galicia es tierra de contrastes y contradicciones. Su riqueza paisajística no entiende de monotonías. La mariña lucense en el norte, las rías baixas en el sur, los Ancares en el este y Corrubedo o los acantilados en el oeste marcan los cuatro puntos cardinales de una geografía bien distinta. Por no hablar de la Coruña atlántica frente a una Ribeira Sacra fluvial, o de una Pontevedra higalga en respuesta a la Compostela medieval.

Así también sus símbolos tienen un no-sé-qué que los hace únicos. Si en otras regiones y países de Europa el nacionalismo abandonaba más o menos pronto su raíz romántica para legitimarse a través de una defensa de cuestiones políticas y económicas, en Galicia no dejó nunca de impregnarse en un halo de lirismo.

Castelao, el gran referente del nacionalismo gallego en el siglo XX, definía todavía a Galicia como célula de universalidad, una de las metáforas más rabiosamente luminosas e ilustradas que se han utilizado en estos terrenos siempre pantanosos y que parece corresponderse con un movimiento inclusivo y enriquecedor más que de rechazo o aislamiento.

Quizás el caso más llamativo sea el del himno gallego. Alrededor de 1890 el gran Pascual Veiga le solicitó a Eduardo Pondal, el bardo de Bergantiños, una letra para una composición musical que representase la más fiel expresión del espíritu de Galicia. Pero el verdadero acto de presentación del himno gallego ocurrió el 20 de diciembre de 1907 en el Gran Teatro de la Habana, acontecimiento que recientemente ha celebrado el centenario con los festejos que correspondían.

Eduardo Pondal es uno de los tres grandes poetas gallegos del Rexurdimento, momento en el que las letras gallegas despiertan de su longa noite de pedra. En el XIX hay una corriente importante de celtismo en la historiografía gallega, y en ese marco se entiende parte de la obra de Pondal, que narra una mitología de héroes celtas en un empeño literario de dotar una autoctonía atlántica a la historia gallega comparable a la irlandesa.

El caso es que el gallego es uno de los más bellos himnos que existen, tanto en lo literario como en lo musical. Frente a pesadas marchas militares o melodías de supuesta épica edificante, frente a proclamas retóricas de libertad o, lo que es más común, llamamientos patrióticos a derramar la sangre por la patria, las cuatro estrofas que componen el himno gallego se salen por la tangente de la lírica.

El poeta habla con los pinos (título del poema) y se pregunta, en un arrebato místico, que din os rumorosos na costa verdecenteque din as altas copas? Y los pinos, la naturaleza, le responden con firmeza, sí, con resolución. Pero la “redención de la buena nación de Breogán”, así termina el himno, no se produce a través de exaltaciones de luchas ni batallas, sino gracias a la entonación del mismo canto lírico, merced al propio abrazo y consumación de y en la poesía.

Aquí os dejo una muestra colgada en youtube: la coral interpreta las dos primeras estrofas (en realidad son cuatro).

  • No hay comentarios todavía ...