14-09-2009 | Souto Alves

A rapa das bestas

Galicia ha sido siempre tierra de caballos. Estrabón, Plinio, y otros cronistas de la Antigüedad refieren leyendas donde se destacan las cualidades de equinos asombrosamente veloces e independientes. El mito decía también que en la cornisa norte de la Hispania el mismo céfiro fecundaba a las yeguas sobre la cumbre de los montes. Hijos de los vientos, los caballos gallegos eran tan rápidos como su padre.

Hoy en día permanece viva una tradición alrededor de estos animales que tanto han impresionado la imaginación de los hombres. Hablamos de los curros. El momento en el que los caballos salvajes son marcados y en el que se desata una algarabía festeira y alegre, muestra del mejor y más noble entusiasmo popular. Diseminados por toda Galicia, tienen un carácter propio sobre todo en el norte de Lugo y, muy principalmente, en las zonas rurales de la provincia de Pontevedra.

Las vísperas suelen ser ya una fiesta. Cuando llega el amanecer, cuadrillas de hombres se echan al monte en busca de las bestas. Persiguen las greas (las manadas) de caballos e intentan conducirlos hasta los lugares cerrados y vallados del curro. A tal fin, jinetes al galope asustan la manada con gritos y silbidos. Importante es entonces forzar a la yegua dominante a seguir el camino del curro, para que el resto del grupo se deje conducir por ella.

Curros como los de Torroña, en Oia, llegan a reunir casi un millar de caballos. En otros lugares, se los conoce también como rapa das bestas. Así, en Sabucedo, en el ayuntamiento de la Estrada, sin duda la rapa más famosa del planeta, celebrada cada primer fin de semana de julio. En Sabucedo la manada atraviesa la aldea y el espectáculo, lleno de vigor y una cierta violencia dinámica, suscita la emoción de los jóvenes que sueñan con el día en el que ellos puedan participar.

Si Sabucedo es el curro más famoso, el que en mayor número de ocasiones ha sido trasladado a la prosa y al verso, al papel fotográfico e incluso a las pantallas de celuloide, será porque en Sabucedo la rapa de crines y de colas, y el ulterior acto de marcar las bestas con hierro caliente, marca un hito en el enfrentamiento entre el hombre y la naturaleza. En una época en la que la guerra es cibernética, la fuerza bruta es la menos bruta de todas las fuerzas. Los aloitadores se lanzan a pecho descubierto sobre los potros de un año. Se agarran al cuerpo noble del caballo jugándose el recibir una coz que podría reventarles allí mismo la cabeza. Sin otra arma que sus brazos desnudos tumban a su rival, esa besta no menos heroica, la inmovilizan, la derrotan.

Pero nunca, jamás, la humillan. Ése es el secreto de la rapa das bestas, el secreto de toda verdadera lucha. Siempre bajo la estrella de una virtud helénica que desdeña las miserias de la guerra moderna. Un día sí, un día fuimos como los dioses.

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  1. En el curro de SAbucedo, no solo se “aloita” a los caballos de un año. Se hace con todos, independientemente de la edad, el sexo o el tamaño del caballo. En el curro no se marcan, pero además de aloitar para cortarles las crines, se aprovecha para desparasitarlos.

    Comentario por Karfan
    15-09-2009 @ 9:37